4 de febrero de 2026

LOS JUICIOS A ANIMALES

  

LOS JUICIOS ANIMALES 

Desde la antigüedad los actos de los animales que habían producido la muerte o daños corporales a humanos han sido objeto de regulación, llegando a celebrarse solemnes juicios para procesar de forma individual a los animales peligrosos u homicidas, de forma colectiva a aquellos que causaban  daños a las cosechas y alimentos o que incumplían el orden establecido, como por ejemplo, perros, cerdos, vacas, ratas ,moscas orugas o  incluso una bandada de gorriones por interrumpir la eucaristía en una iglesia , un cerdo ejecutado por comerse una hostia de comunión consagrada o un gallo acusado de brujería , quemado en la hoguera por poner un huevo (1).


 VÍDEO: Grandes misterios : la cocatriz

(1) . El ave, oriunda de Basilea (Suiza), fue condenada a la hoguera por poner (presuntamente) un huevo, aunque los fiscales no llegaron a un acuerdo sobre si el huevo podía convertirse en una cocatriz –una bestia mítica con apariencia de león o serpiente y cabeza de gallo– o si acabaría dando lugar a un basilisco. Finalmente, ninguna de las dos opciones fue bienvenida y el gallo fue ejecutado.
A partir del siglo XIII y hasta bien entrado el siglo XVII se celebraron vistas judiciales, entendiendo como habían sostenido San Agustín y Santo Tomás de Aquino que los animales si bien no tenían inteligencia sí tenían alma , y por lo tanto podían ser juzgados y sentenciados por las mismas leyes que los hombres, al existir una responsabilidad moral de los animales sobre los actos que cometían. Asimismo , esos juicios civiles y las excomuniones eclesiales, con su mezcla de fórmulas rituales ortodoxas (procesiones, rezos, invocaciones) y formas jurídicas ampliamente desarrolladas, permitían inculpar a los animales de los daños a los cultivos, y aplicar la justicia divina por medios procesales terrenales, que afectaban a cerdos, ( que  que se llevaron la peor parte ), bueyes que corneaban a sus amos hasta matarlos , perros rabiosos que fueron ahorcados, decapitados o despedazados por haber causado daños a los humanos,, ratas o insectos que se comían las cosechas,..... que en la mayoría de los procesos tenían muy pocas posibilidades de salir absueltos o de gozar de la clemencia del tribunal. 

Una explicación práctica de estos procesos era que la justicia medieval tendía a buscar la reconciliación entre partes y muchas disputas podían resolverse con compensaciones o acuerdos, pero cuando una muerte entraba en escena, esa lógica se rompía  porque el daño era demasiado grave y el dinero podía resultar insuficiente para cerrar la herida social, y en ese contexto, los tribunales intervenían  para “tomar el control” del conflicto, apartarlo de la venganza privada y ofreciendo una salida institucional que repartiera la carga emocional y política del desenlace.

TIPOS DE JUICIOS ANIMALES

Existían dos tipos de juicios contra los animales: 
1- Los que se realizaban contra animales individuales acusados de haber realizado alguna acción criminal , dirimidos  por tribunales civiles
2. Los dirigidos contra las plagas que afectaban a la agricultura o a los alimentos , competencia de los tribunales eclesiásticos. 

Para la gente medieval, el mundo fue creado por Dios de una manera muy lógica, con los animales creados primero, para servir y ayudar a los seres humanos, creados a imagen de Dios, y un  juicio y una ejecución pública, incluso de un animal  se consideraban una forma segura para castigar su incumplimiento. La razón de la competencia de los tribunales eclesiásticos estribaba en que se consideraba que las plagas eran causadas por la intervención directa de Satanás, que poseía de forma periódica a algunas especies para desgracia de los humanos., considerándose que el que ratones, topos, orugas o langostas devoraran las cosechas eran obra del Diablo que servía de estos animales para su malvado plan. Sin embargo, hasta bien entrado el siglo XVII se celebraron vistas judiciales y ejecuciones contra animales.

Así, la pérdida de cosechas o alimentos por acción de langostas, hormigas, gusanos ratas, etc., era un asunto de carácter civil que debía ser tratado por las autoridades eclesiásticas cuando las quejas y las peticiones de la comunidad lo hacían necesario, mientras que por el contrario, el juicio de animales domésticos, como cerdos, caballos, toros, perros, etc., que hubieran matado o herido de gravedad a humanos, era asumido por jueces laicos.

Cuando eran las comunidades o los labriegos quienes alegaban daños en su propiedad y cosechas, debidas a plagas, el procedimiento judicial se llevaba a cabo observando de manera estricta todos los formalismos procesales requeridos para los juicios entre humanos, y en ocasiones con mucho mayor celo y cuidado. Estos procesos se iniciaban con la demanda o queja y con una inspección previa para determinar la veracidad de la denunciaque incluía procesiones, advocaciones y oraciones para apaciguar la ira de Dios antes de dar comienzo en debida forma al juicio terrenal. El procedimiento incluía también el aviso previo de los encausados mediante un edicto leído por un oficial del tribunal en los terrenos o bosques donde se presumía que se encontraban loa infranctores. Si los ruegos no daban resultado y la plaga no remitía, se daba apertura formal a la causa, procediendo a la citación de las partes.

Los juicios eclesiales observaban todas las formalidades legales: acusación, nombramiento de un defensor, proceso, discurso de la acusación, discurso de la defensa y sentencia. Ratas, ratones, pájaros, moscas, topos, caracoles, saltamontes, orugas, hormigas, gusanos, escarabajos y otras clases de invertebrados, fueron objeto de múltiples juicios durante la Edad Media, presididos por las autoridades eclesiásticas, y si los animales eran encontrados culpables, a la pena precedía un discurso ejemplarizante dirigido a los acusados donde se les explicaban las consecuencias de su falta y se les recordaba su grave pecado de desobediencia al creador antes de decretar de manera solemne la pena impuesta, y si aun así la plaga continuaba, se producía la excomunión (2) de los acusados, como si se tratara de un humano católico..
(2) Exclusión de una persona católica de su comunidad religiosa y de la posibilidad de recibir los sacramentos, dictada por la autoridad eclesiástica competente.

A finales del siglo XVI empezaron a surgir dentro de la Iglesia voces que desaprobaban este tipo de juicios, considerando que sólo el hombre bautizado puede ser excomulgado, y que por tanto no tenía sentido lanzar un anatema contra un animal : “Eran tan simples como para hacer un juicio formal a las bestezuelas, citarlas, darles un abogado para defenderse, abrir una investigación de los daños por ellas causados. Luego conjuraban a los diversos animales, declarándoles que debían salir de todo el territorio y desplazarse a donde no pudiesen causar daño. Si el mal no cesaba con este conjuro, el juez eclesiástico pronunciaba sentencia de anatema y de maldición, y enviaba el auto de ejecución a los curas, sacerdotes y habitantes, invitándolos a hacer penitencia de sus pecados, ya que para su castigo enviaba Dios ordinariamente estas calamidades”. Sin embargo, este tipo de procesos siguieron realizándose hasta bien entrado el siglo XVII

ALGUNOS ANIMALES JUZGADOS

 

Ratones de campo

En 1520 se inició un proceso en Glurns (Suiza) contra unos ratones de campo acusados de comerse las cosechas. Se siguieron todos los formalismos legales (nombramiento de abogados, declaración de testigos, etc.) y finalmente fueron condenados a abandonar inmediatamente el pueblo y nunca más volver, aunque el tribunal guardó alguna consideración con las hembras embarazadas y los ratones lesionados, a los que dio 14 días de prórroga para irse: 

Después de haber escuchado a la acusación, a la defensa y a los testigos, el tribunal decretó que las bestias dañinas conocidas bajo el nombre de ratones de campo serán conjuradas a marcharse de los campos y prados de la comuna de Stilfs en el plazo de catorce días, y que se les prohíbe eternamente todo intento de retorno; pero que si alguno de los animales estuviera embarazado o impedido de viajar debido a su extremada juventud, se le concederán otros catorce días, bajo la protección del tribunal… pero los que están en condiciones de viajar, deben partir dentro de los primeros catorce días".

En cualquier caso, las sentencias no iban dirigidas contra los animales en sí sino contra el espíritu maligno que los había poseído obligándoles a comportarse de esa manera. Además, la excomunión colocaba a los animales fuera de la ley de Dios, por lo que podían ser exterminados sin sentimiento de culpa alguna. Paulatinamente estos tipos de juicios fueron desapareciendo y el Derecho Penal acabó juzgando al único animal capaz de delinquir voluntariamente: el ser humano.

Mientras se esperaba el juicio, el animal era encarcelado de una a tres semanas , y había que alimentarlo, pagar a su carcelero y, eventualmente, al propietario del local. También había que pagar al verdugo y a sus asistentes, así como a los carpinteros, albañiles y personas de oficios diversos que instalaron el cadalso o prepararon los instrumentos de suplicio. Asimismo, buscar al animal culpable, escoltarlo hasta su prisión, conducirlo hacia su destino fatal requería la intervención de sargentos y guardias. Asimismo se cobraba por las cuerdas utilizadas para amarrar al acusado y hasta por los guantes utilizados por el verdugo, sumas totales que luego se imputaban al dueño del animal.

Ratones

Un aspecto a destacar en estos juicios, es el recurso a una amplia variedad de formalismos procesales utilizado por los defensores de los animales. El trabajo de estos abogados era acucioso y tomado con la mayor seriedad dentro del proceso, a fin de dilatar la causa y lograr la absolución de sus defendidos. En agosto de 1487, una multitud de campesinos de la comarca francesa de Autun acudió al obispo Jean Rolin para pedirle que intercediera ante Dios para acabar con una plaga de ratones que estaba arrasando sus campos. Monseñor ordenó a los párrocos de la comarca que salieran a los campos para conminar a los roedores a que abandonaran el lugar; en caso contrario, se expondrían a la ira del Altísimo. Pero las exhortaciones de los religiosos no tuvieron efecto alguno, y los ratones siguieron a lo suyo, devorando las cosechas. 

Las crónicas cuentan que monseñor, iracundo al ver cómo aquellos animaluchos le desafiaban, ordenó que fueran juzgados por herejía. Como en todo proceso, hubo un abogado defensor, el joven letrado Barthélémy de Chassanée, quien, por el ingenio que demostró en este juicio, llegó a convertirse en uno de los juristas más célebres de su tiempo. 

El esforzado defensor pidió un aplazamiento porque sus clientes, los ratones, eran tan numerosos y vivían tan dispersos por todo el territorio que un solo auto de emplazamiento clavado a la puerta de la catedral no servía para avisarles de la celebración de la vista. Por eso, los sufridos sacerdotes de la diócesis tuvieron que salir nuevamente a los campos, esta vez a leer en voz alta el auto procesal para que los roedores estuvieran avisados.

Convocado nuevamente el tribunal un mes después, los ratones seguían sin comparecer en la sala, por lo que el letrado solicitó un aplazamiento más, argumentando esta vez que los gatos sueltos por el territorio impedían que sus clientes salieran de sus escondites. Nuevamente, su petición fue aceptada. Chassanée logró retrasar el juicio en seis ocasiones con los pretextos más peregrinos, hasta que las autoridades eclesiásticas suspendieron finalmente aquel absurdo proceso.

Cochinillas

En 1479 el obispo de Lausana dirigió un juicio contra una plaga de cochinillas, para las que pidió la excomunión. El principal argumento de la acusación era que las cochinillas no habían estado en el Arca de Noé, lo que demostraba el poco afecto que Dios sentía por ellas. Finalmente, las procesadas fueron anatematizadas en un auto que comenzaba con la siguiente imprecación: “Vosotras las acusadas, asquerosidad infernal, vosotras las cochinillas, que ni seréis citadas entre los animales...” 

Termitas

Más suerte tuvo en cambio una colonia de termitas que en 1752 fue llevada a juicio en Brasil por haber semidestruido el monasterio de unos frailes franciscanos. El abogado de las hormigas argumentó que los insectos habían vivido en aquel lugar desde siglos antes de la llegada de los misioneros y colonizadores portugueses. Su alegato fue aceptado, y finalmente fueron los frailes quienes tuvieron que mudarse y dejar a las termitas como señoras de su antiguo asentamiento.

Moscas

En Europa se llevaron a cabo, al menos, cien juicios en los que se acusó a las moscas. En 1664, por ejemplo, Elizabeth Style confesó que el diablo se le aparecía desde hacía diez años de muy diversas formas: un hombre apuesto, un perro, un gato o una gran mosca, “que venía a sorberle el seso sobre las cuatro de la madrugada”. Tras su confesión, el juez Robert Hunt, del condado inglés de Somerset, confió la custodia de Elizabeth a dos oficiales, quienes le informaron haber presenciado la “salida del diablo” hacia las tres de la madrugada, cuando una mosca brillante “de una pulgada de largo” salió de la cabeza de la viuda Style.

Perros

En 1379, en el pueblo belga de Saint-Marcel-le-Jeussery, una jauría de perros hambrientos, entre los que se encontraban varias crías, atacó la casa de un lugareño y mató a su hijo de corta edad. Los animales fueron capturados, juzgados y condenados a muerte. Pero el sacerdote local, Hubert de Poitiers, intervino ante el tribunal para pedir clemencia para las crías, y lo hizo alegando a su favor que habían sido malcriadas por los canes adultos. Los jueces se mostraron comprensivos e indultaron a los perritos.

En esta espiral de delirios procesales tampoco han faltado los animales sentenciados por delitos políticos. Así, en 1792, en plena Revolución Francesa, el mastín de un anciano aristócrata, el marqués de Saint-Prix, se abalanzó sobre el alguacil que venía a prender a su amo. El animal estaba disfrazado con una librea (3) similar a la que usaban los soldados realistas. Aquello resultó argumento suficiente para que el perro fuera acusado de reaccionario y juzgado por actividades antirrevolucionarias. Finalmente, el perro fue guillotinado junto a su amo.

(3) Traje que los príncipes, señores y algunas otras personas o entidades dan a sus criados; habitualmente , uniforme y con distintivos.

Cerdos

A pesar de que la Edad Media, lejos de ser una época homogénea,  y abarca una enorme variedad de culturas, climas y tradiciones, en la mayoría de los territorios europeos el cerdo fue omnipresente   en la vida campesina y monacal (4) ofreciendo varias ventajas , ya que  podía alimentarse de residuos, criarse con facilidad, reproducirse con rapidez y proveía una carne que, una vez curada, podía conservarse durante meses.
(4) Aunque los  monasterios medievales no eran necesariamente los que tenían el mayor número de cerdos,  sí desempeñaban un papel crucial en su cría y gestión. Muchos monasterios, especialmente los grandes propietarios de tierras, criaban cerdos en sus explotaciones ganaderas para el engorde estacinal como parte de su economía autárquica. La cría porcina era estratégica: el cerdo era económico, fácil de alimentar con desperdicios y bellotas, y proporcionaba carne, tocino, manteca y embutidos que aseguraban la subsistencia monacal. En algunos casos, el excedente se vendía, generando ingresos para obras del monasterio. Además había que añadir el  diezmo en cerdos a los monasterios medievales una práctica común y significativa en la economía y vida religiosa de la Edad Media. Muchos campesinos estaban obligados a entregar parte de su producción, incluyendo cerdos vivos, carne, tocino o manteca, como parte del diezmo a la Iglesia, monasterios o señores feudales. Esta práctica no solo reflejaba la importancia económica del cerdo, sino también su integración profunda en la estructura social y religiosa.
A diferencia de lo que creemos, los cerdos del medievo no eran como los que podemos ver hoy cuando buscamos "cerdo" en Google Imágenes. La realidad es que, según la iconografía medieval y los restos de animales encontrados en emplazamientos arqueológicos, el cerdo medieval aparece representado como un animal de largas piernas, largo hocico y delgado, con una espalda con cresta arqueada, colmillos largos y curvos. Ademá estaba cubierto por pelo largo y oscuro, y en apareincia no era muy diferente a un jabalí con el que a menudo se cruzaba"

Los cerdos , aún semisalvajes, se alimentaban de bellotas, raíces y recursos forestales mediante el derecho de "montanera" (pastoreo en bosques comunales) bajo el cuidados de los porqueros, y también transitaban libremente hasta su prohibición por las calles de pueblos y ciudades alimentándose de desperdicios, causando  daños a cultivos, transmitiendo enfermedades (como triquinosis) y no era extraño que produjeran heridas o incluso la muerte de personas, especialmente bebés a los que  se habían dejado solos, de forma imprudente, en las puertas de sus casas .

Los cerdos eran uno de o animales jjuzgados con mayor frecuencia , y para hacer aún más verosímil aún el juicio y el cumplimiento de la sentencia, las  leyes indicaban expresamente que al cerdo condenado, tenía que cortársele el hocico y luego proceder a colocársele una máscara con rostro humano. Posteriormente se procedía a vestirle con las ropas del dueño para que en apariencia pudiese tener una leve similitud a un juicio humano y, para dejar la impresión final de que también el castigo simbólico iba dirigido hacia el amo, como responsable indirecto de los actos del animal. En el juicio se observaban todos los formalismos legales y las reglas del tribunal: acusación, nombramiento de un defensor, proceso, discurso de la acusación y discurso de la defensa, para culminar finalmente con la sentencia.

A fines del siglo XIV un animal tras haber cometido un crimen o un perjuicio grave, comparece ante un tribunal, es juzgado y luego condenado a muerte por una autoridad laica. Mientras se espera el juicio, el animal es encarcelado: , hay que alimentarlo, pagar a su carcelero y, eventualmente, al propietario del local. El encarcelamiento puede durar de una a tres semanas. A su vez, hay que pagar al verdugo y a sus asistentes, así como a los carpinteros, albañiles y personas de oficios diversos que instalaron el cadalso o prepararon los instrumentos de suplicio. Asimismo, buscar al animal culpable, escoltarlo hasta su prisión, conducirlo hacia su destino fatal requiere la intervención de sargentos y guardias. En la Edad Media, castigar el crimen cuesta caro, muy caro. Todas esas sumas, entonces, están cuidadosamente consignadas en los registros contables de la autoridad judicial o de un notario, donde también se registran los nombres de los beneficiarios y se indican, a veces, algunas precisiones sobre las tareas realizadas.

En 1394, un cerdo fue ahorcado en Mortaign por haber comido sacrílegamente una hostia consagrada; y en un caso de infanticidio, se afirma expresamente en la declaración del demandante que el cerdo mató al niño y comió de su carne, "a pesar de que era viernes", y esta violación del jejunum sextae (5), prescrita por la Iglesia, fue instada por el fiscal y aceptada por el tribunal como una seria agravante del delito del cerdo.

(5) Ayuno del sexto día, 

 

Mientras el príncipe heredero Felipe, hijo de Luis el Gordo, cabalgaba por una de las calles principales de París, un jabalí, propiedad de un abad, corrió violentamente entre las patas de su caballo que asustado se encabritó y le   le hizo caer, sufriendo graves heridas que le causaron la muerte., por lo que el príncipe cayó al suelo y murió. Acusado de regicidio (6) , el animal como castigo acabó destripado públicamente en un cadalso. La primera medida que tomó Luis VI, tras el fallecimiento de su hijo, fue dictar un edicto por el que prohibía la libre circulación de cerdos por las calles de París (algo muy habitual en la Edad Media), salvo una sola excepción: la de los puercos pertenecientes a la abadía de Saint-Antoine, ya que estaban considerados como "siervos de designación divina". 

 (6) Asesinato deliberado de un monarca o soberano de un estado . 

Ejecución de la cerda infanticida de Falaise - Grabado de "El hombre y la bestia" de Arthur Mangin - 1872 -

La cerda de Falaise 

La ejecución más documentada de los alrededor de doscientos casos en los que una gran variedad de animales acabaron sentados en el banquillo de los acusados, ocurrió a comienzos de 1386,  que ha trascendido a la posteridad gracias a que todos los detalles fueron recogidos minuciosamente para la posteridad por un escribiente local, Guiot de Montfort, relatándose la ejecución pública, en Falaise, Normandía,  de una cerda de tres años,  acusada de infanticidio por matar a un niño devorándole el rostro y los brazos. El noble local, el vizconde Pere Lavengin, ordenó celebrar un proceso en el que el animal fue condenado a muerte., siendo conducida al patíbulo donde  frente a una muchedumbre heterogénea integrada por el vizconde de Falaise ,habitantes de la ciudad, campesinos venidos de los campos de los alrededores y granjeros a los que se había obligado a asistir con sus ceros para que presenciaran   la matanza,y les sirviera de escarmiento,, donde la cerda vestida con ropas de hombre,  con una chaqueta , calzones, calzas en las patas traseras, guantes blancos en las patas delanteras,  el verdugo (7) le amputó los brazos y el morro, tal y como ella había hecho con su víctima, y luego  colgada por los cuartos traseros hasta morir, cosa que sucedió pronto, a causa de la hemorragia masiva., para posteriormente ser  trocea y sus restos quemados en una hoguera  Se ignora qué fue de sus cenizas, pero sabemos que un tiempo después, por pedido del vizconde de Falaise, se realizó una gran pintura mural en la iglesia de la Santa Trinidad, a fin de conservar el recuerdo del acontecimiento.
(7) El verdugo de la ciudad recibió diez sueldos y diez denarios torneses por su trabajo además de diez sueldos para comprarse un par de guantes nuevos. Se trata de una suma importante para un par de guantes, pero los anteriores se habían manchado material y simbólicamente de tal forma que sin duda era necesario ir más allá de la mera indemnización.

 

El 10 de enero de 1457, una cerda fue condenada por "asesinato cometido flagrantemente en la persona de Jehan Martin, de cinco años, hijo de Jehan Martin de Savigny", y sentenciada a ser "ahorcada por las patas traseras en un árbol de patíbulo". Sus seis lechones, al encontrarse manchados de sangre, fueron incluidos en la acusación como cómplices; pero "a falta de cualquier prueba positiva de que hubieran ayudado a mutilar al fallecido, fueron devueltos a su dueño, con la condición de que diera fianza para su comparecencia, en caso de que surgieran más pruebas para demostrar su complicidad en el crimen de su madre". 

Unas tres semanas más tarde, el 2 de febrero, es decir, "el viernes después de la fiesta de Nuestra Señora la Virgen", los lechones fueron llevados de nuevo ante el tribunal y, como su dueño, Jehan Bailly, los repudió abiertamente y se negó a ser responsable de ninguna manera por su futura buena conducta, fueron declarados, como propiedad vacante, confiscados a la noble damisela Katherine de Barnault, Dama de Savigny.

El 14 de junio de 1494, un lechón fue arrestado por haber "estrangulado y desfigurado a un niño pequeño en su cuna, hijo de Jehan Delalante , un vaquero en la granja de Clermont, y de Gillon, su esposa", y se procedió contra él "como la justicia y la razón desearían y requerirían". Varios testigos fueron examinados, quienes testificaron "bajo juramento y conciencia" que "en la mañana del Día de Pascua, mientras el padre guardaba el ganado y su esposa Gillon estaba ausente en el pueblo de Dizy, el infante se quedó solo en su cuna, el dicho cerdo entró durante dicho tiempo en dicha casa y desfiguró y comió la cara y el cuello del dicho niño, que murió como consecuencia de las mordeduras y desfiguraciones infligidas por el cerdo, diactando el juez la siguiente sentencia:.

"Nosotros, en repulsa y horror por dicho crimen, y con el fin de que se haga un ejemplo y se mantenga la justicia, hemos dicho, juzgado, sentenciado, pronunciado y designado que dicho cerdo, ahora detenido como prisionero y confinado en dicha abadía, será por el maestro mayor de obras ahorcado y estrangulado en un patíbulo de madera cerca y adyacente a la horca y al alto lugar de ejecución perteneciente a dichos monjes, siendo contiguo a su granja de Avin". El crimen fue cometido "en la granja de Clermont-lez-Montcornet, perteneciente en todos los asuntos de alta, media y baja justicia a los monjes de la orden de Premonstrants", y el juicio fue dirigido por "Jehan Levoisier, licenciado en derecho, el gran alcalde de la iglesia y monasterio de St. Martin de Laon de la orden de Premonstrants y los concejales del mismo lugar". Los demandantes fueron los frailes, que presentaron cargos contra el cerdo y obtuvieron las pruebas necesarias para su condena.

A veces se imponía una multa al dueño del animal ofensor, como fue el caso de Jehan Delalande y su esposa, que fueron condenados, el 18 de abril de 1499, por el alguacil de la Abadía de Josaphat cerca de Chartres, a pagar una multa de dieciocho francos y a ser confinados en prisión hasta que se pagara esta suma, "a causa del asesinato de un niño llamado Gilon, de cinco años y medio o de edad similar, perpetrado por un cerdo, de unos tres meses de edad". El cerdo fue condenado a ser "ahorcado y ejecutado por la justicia". Los dueños fueron castigados porque se suponía que habían sido culpablemente negligentes con el niño, que había sido confiado a su cuidado y custodia, y no porque tuvieran, a los ojos de la ley, alguna responsabilidad de propiedad por el animal infanticida. La multa implicaba negligencia por su parte como guardianes o padres adoptivos del infante.

En la segunda mitad del siglo XVI, los tribunales comenzaron a tomar medidas preventivas contra la molestia pública responsabilizando a los habitantes por los daños causados a los individuos por los cerdos que andaban sueltos y amenazando con castigos corporales y pecuniarios a todas las personas que dejaran "tales bestias sin una buena y segura guardia". Así se registra que el 27 de marzo de 1567, "una cerda con un hocico negro", "por la crueldad y ferocidad" mostrada al asesinar a un niño pequeño de cuatro meses, habiendo "comido y devorado la cabeza, la mano izquierda y la parte superior del pecho derecho de dicho infante" fue condenada a ser "exterminada hasta la muerte, y para ello a ser ahorcada por el verdugo de alta justicia en un árbol dentro de los límites y linderos de dicha judicatura en la carretera de Saint-Firmin a Senlis". El tribunal de la judicatura de Senlis, que pronunció esta sentencia por queja del procurador de la señoría de Saint-Nicolas, también prohibió a todos los habitantes y súbditos de dicha señoría permitir que tales bestias anduvieran sin vigilancia bajo pena de una multa arbitraria y de castigo corporal en caso de impago. 

El 20 de noviembre de 1664, la municipalidad de Nápoles aprobó una ordenanza para que los cerdos, que frecuentaban las calles y plazas en detrimento y peligro de los habitantes, fueran retirados de la ciudad a un bosque u otro lugar deshabitado o fueran sacrificados dentro de los doce días, bajo pena de las sanciones ya prescritas y amenazadas.  Sin embargo, parece que estas ordenanzas no produjeron el efecto deseado o pronto cayeron en desuso, ya que se promulgó otra cuatro años después, el 29 de noviembre de 1668, expulsando a los cerdos de la ciudad y llamando la atención sobre el hecho de que corrompían la atmósfera y así ponían en peligro la salud pública. Las consideraciones sanitarias y las medidas saludables de este tipo no eran en absoluto comunes en la Edad Media, sino que eran una consecuencia gradual del espíritu del Renacimiento. Fue con el resurgimiento de las letras que los hombres comenzaron a amar la limpieza y a apreciar su valor higiénico, así como su belleza estética.  

BESTIALISMO

Un caso especial de juicio animal era por el llamado bestialismo, relaciones sexuales humano-animal que eran una de las máximas aberraciones para el cristianismo y la justicia secular. Estos actos, considerados abominables y propios de infieles, fueron castigados con la pena de muerte para los involucrados. En estos casos se apelaba a los testigos para que dieran fe de tan inmunda conducta, y luego de escuchar los descargos del racional acusado, si estos no eran convincentes se decretaba la máxima pena. En algunos casos se llegó a encerrar en una bolsa al animal junto con su cómplice, hombre o mujer y los documentos del proceso para luego ser arrojados a la hoguera; de esta manera se buscaba que no quedase rastro de este horrible crimen Para el imaginario de la época, el delito de bestialismo constituía un grave desafío al Creador y la negación del principio fundamental de la creación, por tal razón no había compasión con sus ejecutores. Aunque se consideraba que el animal podía haber sido obligado a tales actos, de todos modos era un testimonio visible de la infamia humana, por lo que también debía ser ejecutado.

En 1750, un hombre y una mula fueron sorprendidos en pleno acto de sodomía. La fiscalía pidió la pena de muerte para ambos: el hombre fue sentenciado, pero el animal fue dejado en libertad bajo el argumento de que fue víctima de violencia y no había participado en el delito de su amo por propia voluntad. El párroco del lugar declaró que la conocía desde hacía cuatro años, y que «siempre se había mostrado mansa y nunca había dado ocasión de escándalo a nadie, y por tanto era, en palabra y obra y en todos sus hábitos de vida, una criatura muy honesta».

FuentesHistoria del juicio a los animales-E.P. Evans- El Desvelo Edciones /Una historia simbólica de la Edad Media – Michel Pastoureau-Katz editores / La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural-Jan Bondeson-Editorial SIGLO XXI /  / https://elhistoricon.blogspot.com / https://historiasdelahistoria.com 

30 de diciembre de 2025

EL ACOSO Y LOS ALFILERES DE SOMBRERO


A principios del siglo XIX las mujeres empezaron a socializar solas , caminando por espacios públicos sin supervisión y utilizando  los transportes públicos, en una época en la que los rituales de citas y las costumbres sexuales estaban cambiando y un hombre ya no  la cortejaba en el salón de su casa bajo la atenta mirada de sus padres o paseaba en vigilante compañía , sino que la llevaba a un espectáculo o a un salón de baile, en donde la tentación inmoral   se encontraba presente. Para evitarlo la Comisión Viceministra de Chicago, propuso  que las mujeres sin acompañante debían vestirse lo más modestamente posible —sin mejillas pintadas ni un atisbo de tobillo— para evitar atención no deseada, aunque se rechazó al considerarse que el  problema  no estaba en la moda femenina ni en el aumento de las libertades,  sino en el acoso sexual de los mashers (1) 

(1) En el lenguaje coloquial del contexto social victoriano/eduardiano (EE.UU./Reino Unido, 1880-1910), un "masher" era un hombre que abordaba sin su consentimiento a las mujeres para llamar su atención en público (en calles, parques, teatros, transportes públicos, etc.), equivalente a lo que luego se llamaría  "donjuán", "ligón" o "galán callejero" que presentaba la siguientes características :
  • Era joven o de mediana edad
  • Vestía ropa extravagante y a la moda.
  • Frecuentaba lugares públicos para coquetear con mujeres.
  • A veces era visto como un personaje ridículo o incluso molesto.
  • Aparecía en canciones, periódicos y obras de teatro de la época

A principios del siglo XX los sombreros femeninos de gran tamaño eran muy populares, necesitando así mismo el uso de grandes alfileres (2) para mantener el sombrero en su lugar. Además de los cambios en la moda, en el contexto social fue el comienzo de una nueva era para muchas mujeres: las sufragistas estaban presionando por el derecho al voto y las mujeres -particularmente aquellas que vivían en las ciudades- empezaron a realizar actividades que no habían hecho antes como tomar el transporte público solas o caminar sin acompañante. El problema es que en algunas ocasiones este tipo de actividades también representaban un peligro para ellas y aquí es cuando los alfileres para sombrero  además de ser un accesorio se convirtieron en una herramienta de defensa personal, capaces de causar un gran corte o incluso la muerte y se volvió común que las mujeres los usaran cuando eran acosadas o se sentían en peligro, utilizándolos para defenderse del acoso de la atención masculina no deseada, y no fueron el único accesorio usado como medio de defensa, sino que también era común que las mujeres usaran sombrillas e publicándose panfletos y y pequeños manuales con instrucciones  sobre como defenderse haciendo uso del paraguas.. 

(2) Un alfiler para sombrero consistía en un gran prendedor elaborado de plata o latón que era tanto de uso decorativo como de utilidad, puesto que ayudaba a sujetar el sombrero perforando el costado del material del sombrero pasando por medio del pelo y que comúnmente sobresalían por el otro costado, asegurándolo sobre la cabeza.

El alfiler solía estar decorado con joyas o tener llamativos diseños y diversos tamaños: los más largos podían tener hasta 35 cm de longitud. Al inicio eran hechos a mano por lo cual su costo era elevado, aun así tuvieron enorme demanda por parte de las damas adineradas; tiempo después en EE.UU. se inventó una máquina que los podía generar en masa y se volvieron muchísimo más asequibles.

En la tarde del 28 de mayo de 1903, Leoti Blaker, una joven de Kanas que se encontraba en  la ciudad de Nueva York, subió a una diligencia de la Quinta Avenida a los 23 añosr y se acomodó para el viaje. El autobús iba lleno de gente y, cuando se movía, se dio cuenta de que el hombre que estaba a su lado se había acercado un centímetro más a ella. Hizo una evaluación silenciosa: anciano, elegantemente vestida, “de aspecto benévolo” El caballo ganó velocidad y el escenario saltó, arrojando a los pasajeros uno hacia el otro nuevamente, y ahora el hombre la tocaba, cadera con cadera, hombro con hombro. Cuando levantó el brazo y lo colocó bajo sobre su espalda, Leoti tuvo suficiente. En un movimiento que emocionaría a la víctima del acoso moderno en el metro, tomó su alfiler de sombrero  —de casi un pie de largo— y lo hundió en la carne del brazo del hombre. que soltó un grito terrible y abandonó el autobús en la siguiente parada. “Era un anciano caballero tan guapo que lamenté lastimarlo”, le dijo a la Mundo de Nueva York. “He oído hablar de los mashers de Broadway , pero no sabía que la Quinta Avenida tenía una marca propia en particular… Si las mujeres de Nueva York toleran que las toquen sin consentimiento, las mujeres de Kansas no.”

Los periódicos de todo el país comenzaron a informar sobre encuentros similares con “mashers”, jerga de época para referirse a hombres lascivos o depredadores Una corista de Chicago, molesta por las “preguntas insultantes” de un acoador , lo golpeó en la cara con su paraguas hasta que él se alejó tambaleándose. Una maestra de escuela de St. Louis ahuyentó a su posible atacante cortándole la cara con el alfiler de su sombrero. Estas historias se destacaban no sólo por su frecuencia sino también por su tono elogioso; por primera vez, las mujeres que luchaban contra los acosadores eran consideradas héroes más que personajes cómicos, sujetos más que objetos. La sociedad estaba en transición, lenta pero seguramente,desde esperar y defender la dependencia femenina de los hombres hasta reconocer su deseo y capacidad de defenderse


No obstante, el uso de los alfileres de sombrero fue objeto de debate  argumentándose  que algunas mujeres los usaban apresuradamente , sin motivo real y más allá de su autodefensa
Mary Pickford

Un relato publicado por un periódico de Nueva York relató como 100 trabajadoras atacaron a varios agentes de la policía con sus alfileres de sombrero después de que estos detuvieran a dos de sus compañeras por pronunciar supuestamente discursos anarquistas. Asimismo, se conoce la historia de Mary Pickford, una de las primeras figuras del cine mudo quien fue atacada por una de sus doncellas, después de esta haber sido despedida. La estrella fue rescatada por su chofer. Por último, está el caso de dos mujeres (la esposa y la amante) quienes se enfrentaron usando sus alfileres de sombrero, tuvieron que ser separadas y detenidas por la policía; la única que recibió una herida de gran consideración fue la esposa y como algo curioso, el marido terminó sacando de la cárcel a la amante.

Con todas las quejas y denuncias que se tenían por el uso del alfiler, los políticos manifestaron la necesidad de establecer leyes que restringieran el uso de esos accesorios. Pero los movimientos de mujeres se mostraron en desacuerdo con tales medidas: un ejemplo fue Nan Davis, representante de varios clubes de mujeres, quien se dirigió al a ayuntamiento exponiendo que un alfiler de sombrero es el arma de defensa de una mujer.afirmando :“Siempre me siento segura yendo a casa por la noche con un alfiler de sombrero disponible para protegerme, si los hombres de chicago quieren quitarnos los alfileres, que hagan las calles seguras. Ningún hombre tiene derecho a decirme cómo me vestiré y que me pondré,” 

Otra mujer envió cartas a los periódicos defendiendo el uso de los alfileres de sombrero: “antes de dejar un tranvía siempre llevo un alfiler de sombrero listo en mi mano hasta que estoy a salvo dentro de la puerta de mi casa, sin duda miles de otras mujeres pueden hablar desde su experiencia de como un sombrero robusto ha sido una defensa efectiva en tiempos de peligro.”

A pesar de las voces de las mujeres que se oponían a la orden de restringir la longitud o el uso de los alfileres, se dio más peso a las quejas de los hombres: se comentaba que los caballeros estaban realmente inquietos acerca de usar el transporte público, ya que todos esos alfileres de sombrero que sobresalen los hacían sentir en peligro.

La policía ya contaba con un registro de cosas que las mujeres usaban como armas, poco tiempo después los alfileres vinieron a figurar en la lista. Finalmente, algunas ciudades tomaron medidas: el alcalde Chicago apoyo la ley que los alfileres debían llevar una cubierta en la punta para evitar lastimar a alguien accidentalmente., lo que creó un nuevo mercado de cubiertas para alfileres, pero las mujeres de menos recursos no podían permitirse este gasto así que a menudo usaban trozos de corcho., prohibiéndose además el uso de alfileres de más de 22 centímetros de longitud y en caso de usarlos las mujeres serían multadas con 50 dólares de la época (1400 dólares actuales) o en caso de no pagar serían arrestadas.

Otras posibilidades que les daban eran obtener un permiso para utilizar alfileres largos o recortarlos, motivo por el cual varias joyerías comenzaron a dar el servicio de acortamiento de alfileres. 2 años después el líder del comité de salud pedía la utilización de alfileres todavía más cortos.

Siguieron saliendo leyes semejantes que fueron replicadas y aprobadas en otras metrópolis, inclusive en otros territorios: en Australia 60 damas fueron a la penitenciaría al negarse a abonar multas por llevar lo que la ley consideraba armas asesinas en sus sombreros. Por situaciones como esta, muchos opinaban que estas leyes eran inútiles: se mencionaba que la policía era bastante introvertida para acercarse a las féminas en la calle y hacer cumplir la ley.

Además, varios hombres simpatizaron con la difícil situación de las féminas y tampoco creían en la efectividad de estas leyes, pero ciertos apartamentos de policía hicieron unidades especiales como la policía de la metrópoli de Nueva Orleans, los cuales hicieron una unidad anti alfileres de sombrero.

A finales del siglo XIX e inicios del XX, en numerosos paíse , pero sobre todo en Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, se crearon grupos formados por mujeres que, además de instrucción militante, impartían clases de artes marciales. Las famosas y también temidas sufragistas no dudaban en romper escaparates, incendiar o sabotear, llegando a intentar asesinar a varios políticos. Usaban palos, fustas o paraguas. Exigían derechos y acabar con la opresión patriarcal. Una de sus acciones más célebres sucedió en 1913, cuando quemaron el Pabellón de las Orquídeas del Real Jardín Botánico de Kew de Londres, pero también destrozaron los buzones de correos y las vidrieras de comercios y establecimientos colaboracionistas, asaltaron iglesias, apedrearon la misma casa del Primer Ministro en Downing Street, vertieron ácido en los campos de golf, incendiaron estaciones o se enfrentaron cuerpo a cuerpo con la policía, poniendo en práctica técnicas de autodefensa personal que aprendían y practicaban en grupos. Las piedras que lanzaban llevaban inscritos lemas reivindicativos. Pronto, decenas de sufragistas entraron en prisión, engrosando las filas de las prisioneras políticas. La prensa las retrató en plena lucha, como expertas algunas de ellas en artes marciales como el jiu-jitsu. Una de las más célebres fue Edith Garrund, una profesora feminista en artes marciales que dedicó muchos años a la preparación personal de sus compañeras.

La ley en oposición a los alfileres largos comenzó a ser considerada en serio en abril de 1913, una vez que se registraron diversos arrestos por su uso, aun cuando fueron numerosas las féminas que se resistieron y que se quejaron de que la policía las persiguiera a ellas en lugar de atrapar a ladrones o acosadores. .Aquel mismo año, ciertos jueces intentaron atender los inconvenientes de estabilidad de las damas e impusieron multas a esos hombres que las acosaban en la calle: ejemplificando en Omaha, Nebraska, un juez ordenó una lista de multas basada en los vocablos que los hombres usaban para referirse a féminas desconocidas en la calle, en el dinero de aquellos tiempos las multas fueron de 5 dólares por llamarlas gallina, 10 dólares por racimo de miel, 15 dólares por tórtola, 20 dólares por muñeca y 25 dólares por lindura o bomboncito.

Elsa Lancheste

Los alfileres de sombrero incluso inspiraron una balada que se originó alrededor de 1920 llamada Nunca salgas sin tu alfiler de sombrero, canción que fue popular en 1950 cuando fue interpretada por Elsa Lanchester, actriz y cantante recordada por ser la protagonista de la película La novia de Frankenstein , 

Song Never Leave Without Your Hat Pin
Nunca salgas sin tu alfiler de sombrero,

Mi abuela era una anciana muy astuta
La mujer más inteligente que he conocido
Solía ​​decir: "Escúchame, Sadie
Hay una cosa que nunca debes olvidar:"

No salgas sin tu alfiler de sombrero
La ley no te permitirá llevar más que eso
¡Porque si sales a caminar sin tu alfiler de sombrero,
puedes perder la cabeza además de perder el sombrero

Mi abuela decía que nunca se podía confiar en los hombres,
no importaba lo refinados que parecieran.
Dijo que el corazón de muchas doncellas se rompía
porque loshombres solo tenían una idea

He oído que el abuelo era realmente un desastre
Así que la abuela sabía de lo que hablaba, supongo

Nunca salgas sin tu alfiler de sombrero
Ni siquiera a lugares muy elegantes
Porque cuando un tipo ve que tienes un alfiler de sombrero
Es mucho más probable que capte la idea

Mi mamá también dio un muy mal ejemplo.
Nunca hizo caso del consejo de la abuela.
Descubrió que si le das una muestra a un hombre,
la muestra, de alguna manera, nunca es suficiente

De hecho , se rumorea que no habría nacido
si mamá se hubiera salido sin su prendedor

Nunca salgas sin tu alfiler de sombrero
Es la mejor protección que tienes
Porque si sales sin tu alfiler de sombrero
Puedes volver a casa sin tú ya sabes qué

    VÍDEO: Song Never Leave Without Your Hat Pin- Elsa Lanchester,

Pero pese a los esfuerzos de la Ley,  fue la moda del momento, la que  terminó sacando del mercado los alfileres. Al comienzo de la primera guerra mundial su uso disminuyó y desapareció por completo cuando el cabello corto y los sombreros clutch se convirtieron en la tendencia del momento, y supuso el final de los alfileres en la autodefensa feminista cuando pocos años más tarde, en la década de 1920 surgieron las valientes y divertidas flappers (3), la subcultura feminista amante del baile, la noche y la libertad, que dejaron olvidados los enormes sombreros y lucieron melenas que igualmente causaron una gran polémica. 

Flappers

(3) La "Nueva Mujer" de la década de 1920 rechazaba aquello que las generaciones anteriores consideraban como políticamente correcto; fumaban y bebían en público, celebraban la revolución sexual y abrazaban la cultura de consumo. El camino para la futura imagen icónica estaba en marcha: la "flapper". Esta era una nueva generación de mujeres jóvenes occidentales que utilizaban pantalones, faldas cortas, y llevaban el pelo corto; escuchaban jazz y rechazan aquello que se consideraba el "comportamiento aceptable". Las "flappers" eran vistas como impetuosas por llevar un maquillaje excesivo, bebían, hablaban de sexo como un tema corriente, fumaban, conducían y se reían públicamente de las normas sexuales y sociales

Fuentes: https://www.agenteprovocador.eshttps://www.elconfidencial.comhttps://elpensante.com