El cinchona officinalis ,conocida popularmente entre otros nombres como quina (cortezaen quechua se dice quinua) ,cascarilla, polvos de los jesuitas,, del cardenal, .de la condesa, ......, es un árbol originario de la cordillera de los Andes cuya corteza de color canela se secaba primero, luego se molía hasta un polvo fino que se mezclaba con vino o agua y el preparado era bebido por el enfermo de fiebres en varias dosis hasta que las mismas cesaban, siendo históricamente famoso por sus propiedades medicinales :
Antipalúdica y Antimalárica (La más importante): La corteza contiene quinina, el primer tratamiento efectivo en la historia de la humanidad contra la malaria. Este compuesto ataca directamente al parásito *Plasmodium* en la sangre, impidiendo que se reproduzca.
Antipirética (Reduce la fiebre) : Ayuda a disminuir drásticamente las fiebres altas asociadas a infecciones y procesos gripales.
Digestiva y Aperitiva: : Debido a sus intensos compuestos amargos, estimula la secreción de jugos gástricos y saliva. Esto abre el apetito y mejora las digestiones lentas o pesadas.
Espasmolítica y Relajante muscular : Ayuda a aliviar calambres musculares nocturnos y dolores por tensión.
Tónica y Astringente: Tradicionalmente usada para combatir la debilidad general del cuerpo tras una enfermedad larga, y gracias a sus taninos, ayuda a frenar la diarrea.
La condesa de Chinchón (1800) -Francisco de Goya
La fábula de la condesa de Chinchón y la quina
La leyenda de la condesa de Chinchón y su milagrosa curación de la malaria gracias a la corteza de la quina que durante siglos se consideró como un hecho real no es más que una historia ficticia sin valor histórico. Según el relato popularizado en Europa a partir del siglo XVII, Francisca Henríquez de Ribera, condesa de Chinchón y segunda esposa del virrey del Perú, Luis Jerónimo de Cabrera y Bobadilla, conde de Chinchón, quien gobernó de 1629 a 1639., cayó gravemente enferma de malaria (fiebres tercianas) en Lima hacia 1638. Desesperado, el médico de la corte recibió un remedio secreto de los indígenas locales (o del corregidor de Loja): unos polvos hechos con la corteza amarga de un árbol andino. La condesa tomó el brebaje, sanó milagrosamente y, conmovida por el descubrimiento, regresó a España cargada con sacos de esta corteza para distribuirla entre los pobres de Madrid. De ahí que el remedio se conociera popularmente "los polvos de la condesa"
Décadas más tarde, en 1753, el famoso botánico sueco Carlos Linneo Linneo perpetuó el mito de esta historia creando el género Cinchona, para englobar todas las quinas o cascarillas, que engloba 25 especies originarias de un amplio territorio andino que incluye Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, en alturas comprendidas entre los 600 y los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Pero el nombre de Cinchona dado por Linneo en honor a la condesa de Chinchón se debe a un error ortográfico cometido por él al prescindir de la primera h. de lo que debería haber sido Chinchona. Al nombre de la Cinchona se le añadió el epíteto específico officinalis que se utilizaba tradicionalmente en botánica para designar a las plantas que tenían propiedades medicinales o que se vendían en las oficinas de farmacia o boticas), resultando finalmente el nombre científico de Cinchona officinalis.
En 1930, el historiador médico Alec Haggis , desacreditó la anterior historia, al descubrir el diario oficial del virrey, el conde de Chinchón, escrito minuciosamente día a día por su secretario, del que se desprende que la condesa gozaba de excelente salud: El diario detalla cada resfriado y achaque de la familia virreinal. Quien sí padeció fiebres intermitentes y malaria en varias ocasiones fue el conde de Chinchó y no su esposa la condesa, que nunca estuvo gravemente enferma de malaria en el Perú.y asimismo nunca regresó a España con el remedio de la quina:, ya que en la vida real . la condesa de Chinchón murió en Cartagena de Indias (actual Colombia) en 1641 durante el viaje de regreso a España, por lo que no pudo llegó a Madrid a repartir el milagroso polvo.
Los verdaderos introductores del polvo de la quina en Europa fueron los misioneros jesuitas, quienes conocieron su utilización por parte de los indígenas de la región de Loja en el actual Ecuador que la empleaban contra las fiebres .Por eso, durante muchísimo tiempo, en el Viejo Continente se le conoció como "polvo de los jesuitas",
En occidente las fiebres intermitentes se denominaban fiebres tercianas y cuartanas, por repetirse cada tres o cuatro días. A la enfermedad se le dio el nombre de paludismo, que proviene del latín palus(‘pantano’), debido a que en las zonas encharcadas proliferan los mosquitos transmisores de la enfermedad, y también el de malaria(‘malos aires’)., y para la historia médica todo empezó cuando los conquistadores españoles comprobaron su eficacia en las fiebres intermitentes y a partir del siglo XVII la trajeron a Europa.
Mosquito del género Comprende aproximadamente 465 especies de mosquitos distribuidos globalmente, con mayor densidad en zonas templadas, tropicales y subtropicales, siendo el único vector responsable de la transmisión de la malaria (paludismo) en humanos.
La malaria (o paludismo) no existía en el continente americano antes de 1492. Fue introducida como consecuencia de la llegada de los conquistadores, colonos y el posterior tráfico de esclavos africanos. La ciencia y la historia explican este proceso a través de dos oleadas principales, correspondientes a las diferentes especies del parásito Plasmodium: : 1, Plasmodium vivax (Origen Europeo) . Es la variante de malaria más extendida en América Latina hoy en día) llegó directamente en los barcos de los conquistadores y colonos españoles a partir del siglo XVI. En aquella época, la malaria era endémica en Europa (especialmente en regiones pantanosas de España, Italia y Grecia) y no se erradicó del continente europeo hasta mediados del siglo XX y el análisis del ADN de los parásitos actuales en América muestra que están directamente emparentados con cepas europeas antiguas hoy extintas en Europa, .y 2.Plasmodium falciparum(Origen Africano)- Es la variante más agresiva y mortal de la enfermedad, que llegó un poco más tarde a través de las rutas del tráfico forzado de esclavos desde el África subsahariana.. Los mosquitos del género Anopheles (los vectores que transmiten la enfermedad) ya habitaban de forma natural en las zonas tropicales de América, pero estaban "limpios" del parásito, y ocurrió que al llegar personas infectadas desde Europa y África, los mosquitos locales picaron a los enfermos, se infectaron y comenzaron a propagar la enfermedad por todo el continente. Al igual que la viruela, el sarampión o la gripe, los pueblos originarios de América no tenían ningún tipo de memoria inmunológica ni defensas genéticas contra la malaria. Esto provocó una catástrofe demográfica, diezmando a comunidades enteras, especialmente en las regiones bajas, cálidas y húmedas del continente.
LA QUININA
En 1820, los científicos franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou logran aislar el principal principio activo de la corteza del árbol de la quina : el alcaloide de la quinina., lo que permitió dejar de masticar o tragar polvo de corteza cruda y pasar a fabricar pastillas o polvos de quinina concentrados solubles.
El GIN TÓNIC PRIMITIVO .
La historia de cómo las tropas británicas empezaron a usar la quinina es, en realidad, la historia de cómo un medicamento permitió la supervivencia y la expansión del Imperio británico en los trópicos. Durante los siglos XVIII y XIX, el mayor enemigo del ejército británico en el extranjero no eran las armas de las potencias rivales, sino un enemigo invivible: la malaria (o paludismo).En lugares como la India o el África subsahariana, las fiebres tropicales diezmaban a regimientos enteros y las bajas por enfermedad superaban con creces a las bajas en combate. Para poder mantener el control de sus colonias y permitir que sus soldados sobrevivieran en climas tropicales, los británicos necesitaban desesperadamente un remedio efectivo, que fue evolucionando a lo largo de un siglo:
Los antecedentes se sitúan a fines de siglo XVIII, cuando antes de usar la quinina pura, los médicos navales y militares británicos ya utilizaban el "polvo de corteza peruana" (proveniente del árbol de la cinchona, originario de Sudamérica). En 1768, el cirujano naval británico James Lind recomendó por primera vez dar raciones diarias de este polvo a los marineros cuando los barcos atracaban en puertos tropicales.
El gran cambio ocurrió en la década de 1820, cuando los químicos franceses Pierre Pelletier y Joseph Caventou lograron aislar el principio activo de la corteza: el sulfato de quinina., compuesto purificado que a partir de 1825 se convirtió en el tratamiento estándar de las tropas inglesas.
El Imperio Británico, que estaba en plena expansión colonial en la India, obligó a todos sus soldados y oficiales a tomar una dosis diaria de polvo de quinina como medida preventiva para no enfermar de malaria. El problema era que la quinina pura es uno de los compuestos más amargos y desagradables del planeta que los soldados eran reacios a tomar , y por ello para hacer el remedio de sabor más más tolerable los médicos y farmacéuticos destinados en la India empezaron a experimentar con lo que tenían a mano en sus campamentos , combinando el polvo de quinina con agua y azúcar para rebajar su amargo sabor, y también con zumo de lima (,que además les protegía del escorbuto), creando unas primitivas "aguas tónicas.. Posteriormente se añadió a ese cóctel un chorro de ginebra de la ración diaria, de los soldados y oficiales , cuyos botánicos de enebro camuflaban el sabor ,haciendo el trago mucho más agradable, resultando un primitivo gin tónic.
El uso sistemático de la quinina redujo la mortalidad de las tropas británicas por malaria en más de un 50%. De hecho, historiadores de la medicina coinciden en que, sin la quinina, la colonización a gran escala del interior de África y la consolidación del Imperio británico en la India habría resultado imposible..
EL GIN TÓNIC ACTUAL
Así, lo que empezó como la corteza de un árbol silvestre sudamericano para curar fiebres, mutó por necesidades militares en un campamento de la India y terminó convirtiéndose en uno de los cócteles más refinados y consumidos del mundo moderna, compuesto canónicamente de ginebra, tónica, hielo y piel de limón o lima como aromatizante.
COMO HACER Y TOMAR UN GIN TÓNIC
Hace años el gin tonic era una bebida que sólo consumían señores mayores, periodistas y alcohólicos. Muy poca gente joven se acercaba a esta bebida amarga, fuerte y poco agradecida, en la que no se podía elegir absolutamente nada. Los bares contaban si acaso con dos o tres marcas de ginebra –Larios, MG y, quizás, una botella de Beefeater o Bombay– y una de tónica, siempre Schweppes.
Pero entonces, como por arte de magia, llegaron las ginebras premium (la primera, con bastantes años de diferencia, la Bombay Shapire), las copas de balón, las bayas de enebro y, como en toda moda, la estupidez. Los bares vieron que había un filón y empezaron a cobrar auténticas barbaridades sólo por añadir a tu combinado unas pieles de limón y un trozo de fresa deshidratada.
Veníamos del gin-tonic mal hecho: en vaso de tubo, con malas proporciones, sin aromatizar… Pero entre eso y el gin tonic macedonia hay un paso intermedio,. Se están haciendo las cosas mucho mejor que antes, pero a veces la innovación, o intentar rizar demasiado el rizo, provoca que en vez de hacer un buen combinado el sabor del gin tonic resulta irreconocible..
La moda del gin tonic ha sido toda una revolución en la hostelería, pero ha llegado demasiado lejos: Un buen gin-tonic debe hacerse sencillamente con hielo, ginebra, tónica, hielo y la piel de un cítrico y beberse en un buen recipiente. Nada más.
Reglas para hacer un buen gin-tonic
El vaso
Uno de los grandes errores que se pueden cometer (en el que incurren el 90% de los bares españoles) es servir el gin-tonic en vaso de tubo. El vaso de tubo no sirve ni para beber agua. Es muy deficiente en muchos sentidos. Tiene una capacidad muy pequeña, de sólo 30cl. No entra todo el hielo. Siempre lo coges con toda la mano y calientas la bebida. Y la boca es tan estrecha que no te permite disfrutar de los aromas”.
“El vaso de tubo”, “sólo responde a una necesidad de los bares, que buscan un recipiente que se pueda almacenar al máximo y que no ocupe mucho a la hora de limpiarlo. Pero esto, va en detrimento del consumidor. Lo ideal es usar una copa de balón por tres razones:
Tienen una gran capacidad, unos 60 o 70 cl, que nos permiten que quepa todo el hielo, toda la ginebra y toda la tónica.
Tienen la boca ancha, que nos permite percibir los aromas y sabores del gin-tonic mucho mejor.
La copa de balón tiene pie, lo que nos permite coger la copa sin calentar la bebida, algo que es muy importante (este es el único requisito que no cumple el vaso ancho.
EL hielo
El hielo es mucho más importante de lo que creemos para hacer un buen gin-tonic. Tiene que cumplir tres características básicas: ser grande, gordo y duro. El hielo tiene que enfriar la copa, no aguarla, Cuanto menos contacto haya entre la bebida y el hielo, mejor. Así se mantendrá durante más tiempo y se fundirá lo menos posible. Si se funde, nos va a aguar la bebida.
Debemos utilizar un hielo industrial, de los que venden en gasolineras, supermercados o tiendas de conveniencia, que se realiza a muy baja temperatura y con agua osmotizada. Esto nos asegura que el hielo cristaliza muy rápido y tarda mucho en fundirse.
El hielo hecho en casa tiene varios problemas. En el congelador el hielo se forma muy lentamente, los cristales son grandes y el agua del grifo tiene sales sales minerales, por lo que se funde muy rápido; y en el congelador hay olores. El agua se impregna muy rápidamente de los aromas, del pescado mayormente.
También hay que intentar que sea transparente, porque hay hielos que no son transparentes y es porque tienen impurezas, como un cloro excesivo. Esto hace que, una vez te hayas acabado el gin-tonic, los residuos de este hielo queden depositados dentro de la copa y que en el sorbo final te lo tragues todo. Esto se convierte en unos microcristales que van a parar a la sangre y que provocan una gran resaca el día después. Es curioso pero, a veces, la resaca puede ser más por culpa del hielo que de la propia ginebra.
No debemos ser rácanos con el hielo, pero ¿Cuánto tenemos que usar? Hay que utilizar el sentido común. Debemos poner suficiente hielo para que la copa esté fría, pero no tanto como para dificultar la bebida. Estoy harto de ver auténticos gin-tonics iceberg, en los que sobresale el hielo por encima de la copa. Los primeros tragos los das con miedo. Con 3 o 4 piezas de hielo es más que suficiente.
La ginebra
Aunque hoy en día es muy difícil escoger una ginebra entre la inmensa variedad que encontramos en bares y bodegas, lo cierto es que, a efectos prácticos, todas son muy parecidas(al menos en lo que respecta a la elaboración de un buen cóctel).
Una ginebra no deja de ser un vodka aromatizado, La ginebra y el vodka tienen el mismo origen: un alcohol neutro que sólo sabe agua. La gran diferencia es que la ginebra está aromatizada con enebro y otros aromas añadidos. Y esto último es lo que diferencia una ginebra de otra: la receta de ingredientes aromáticos escogidos.
Las ginebras secas (que son las que se usan en el gin-tonic, y representan la práctica totalidad del mercado) pueden clasificarse en en cinco familias, dependiendo de su sabor:
De corte clásico : Donde abunda el enebro–: Seagram´s, Plymouth, Tanqueray…
Cítricas: Tanqueray Ten, Van Gogh, London #1, Larios 12…
Especiadas: Magellan, Brecon, Citadelle…
Herbales: Gin Mare, Blackwoods…
Afrutadas o florales: G’Vine Floraisson, Fifty Pouns, Geranium…
Dentro de estas familias, las diferencias son muy sutiles. Lo que no tiene sentido es tener cuatro ginebras en casa con el mismo perfil aromático. Hay que tener en cuenta, también, que la palabra premium se la da a la ginebra el propio fabricante. No es un sello de calidad, sólo un indicativo de que cuesta más. La mayoría son buenas, pero la elección la tiene que realizar cada uno, en función de sus gustos. Ahora bien, con las ginebras de toda la vida se puede hacer también un buen gin tonic.
Casi más importante que escoger la ginebra, es poner la correcta cantidad de esta. Echarle más ginebra de la necesaria al gin-tonic no va a hacer que sea mejor y sólo lo va a hacer más fuerte y desequilibrado..
Una recomendación básica es usar un medidor, siendo la proporción correcta la de una unidad de ginebra por cuatro o cinco de tónica (un botellín). Si no tenemos medidor, basta con un vaso de chupito de 4 o 5 cl, que nos sirve perfectamente para medir una dosis de ginebra. El gin-tonic perfecto tiene entre un chupito y un chupito y medio por cada botellín de 20cl de tónica, con lo que nuestro gin-tonic perfecto tendrá en torno a 8 grados de alcohol, menos que, por ejemplo, un vino blanco y lo mismo que una cerveza doble malta.
La tónica
La gran revolución llegó el 28 de mayo de 1858, cuando. Erasmus Bond, que era el propietario de una empresa de bebidas llamada Pitt & Co. en Islington (Londres), tuvo la genial idea de comercializar y estandarizar esta mezcla, pero mejorándola por completo, combinando la quinina con una receta fija de agua purificada añadiendo un gas burbujeante. utilizando para ello el dióxido de carbono para darle efervescencia; así como azúcares y otros agentes saborizantes (como extractos de cítricos) para mitigar el amargor., patentando una bebida llamada. "Improved aerated tonic liquid"( Líquido tónico aireado mejorado"
Al pasar de un brebaje medicinal casero a un refresco embotellado y gasificado, Erasmus Bond creó la primera tónica comercial del mundo. Poco después, otras grandes compañías como Schweppes),siguieron sus pasos y lanzaron sus propias versiones "Indian Tonic", aprovechando el éxito de la idea de Bond.El mundo de las tónicas ha caminado paralelo al de la ginebra: Se han introducido muchas tónicas premium que realmente tienen ingredientes diferentes, y un cuidado especial, pero otras han aprovechado el filón y no aportan nada.
No tiene mucho sentido usar tónicas demasiado aromatizadas, que van a tapar el sabor del gin-tonic. Es preferible usar tónicas que estiren la bebida y aporten la nota amarga y cítrica al gin-tonic. Cualquiera de las tónicas convencionales vale para nuestro cóctel perfecto.
Existe una pequeña controversia sobre la forma correcta de servir la tónica pero, al margen de los detalles más sutiles, hay dos cuestiones básicas:
La tónica tiene que estar fría
Cuanto más fría está la tónica, mejor se disuelve el gas.
Tiene que servirse con cuidado. Hay gente que dice que hay que dejarla caer muy suavemente a través del último hielo que hay en la copa, aunque es preferible usar la cuchara mezcladora, pero con forma de varilla, de forma que la cuchara toque el final de todo de la copa, que es donde está la ginebra. Se apoya la boca del botellín de tónica en la parte más baja de la varilla y se deja caer muy suavemente la tónica, para evitar que se pierda tanto gas como si la tiráramos directamente y, sobre todo, para que se mezcle bien. La tónica baja por la cuchara hasta la tónica y por convección natural se mezclan y no hace falta ni agitar ni remover, para no perder gas.
El cítrico
Para dar el punto final al gin-tonic, canónico hay que aromatizarlo, pero no deben añadirse especias, porque con ello se tapa su sabor. Es recomendable aromatizar la bebida con muy poca cantidad de extras, , bastando añadir una piel de cítrico, fresca y jugosa, de limón o lima perfecta para aromatizar cualquier gin-tonic, evitando convertirlo en un gin con cosas..
No es recomienda mezclar con zumo (jugo) de limón o lima, pues el ácido cítrico presente en esta fruta reacciona con el anhídrido carbónico de la tónica dejando a ésta sin sus características burbujas y haciendo que el gin and tonic pierda su fuerza en breves minutos. Por este motivo sólo debemos aromatizarlo con la piel del cítrico,, evitando el empleo de los zumos.
Como beber
También hay normas para disfrutar del gin-tonic cuando lo tenemos entre manos. Hacer un gin-tonic requiere su tiempo, pero se tiene que beber relativamente rápido. Es una carrera contra el tiempo. En nuestro entorno hace calor y en 20 minutos acabarás bebiendo agua con gin-tonic,porque el hielo se funde.
Desde la antigüedad los actos de los animales que habían producido daños a bienes o a personas causándoles heridas o la muertea han sido objeto de regulación, llegando a celebrarse solemnes juicios para procesar a aquellos que habían incumplido las normas sociales y religiosas de la época , de forma individual a los animales peligrosos u homicidas, y de forma colectiva a aquellos que en grupo causaban daños a las cosechas y alimentos .Esos juicios afectaron en mayor o menor medida a diversos animales como por ejemplo, perros, cerdos, vacas, ratas ,moscas orugas,... o incluso a una bandada de gorriones por interrumpir la eucaristía en una iglesia , a un cerdo que fue ahorcado en Mortaign en 1394 por haber comido sacrílegamente una hostia consagrada; y en un caso de infanticidio, afirmandose expresamente en la declaración del demandante que el cerdo mató al niño y comió de su carne, "a pesar de que era viernes", violando el jejunum sextae (1), prescrita por la Iglesia, que fue instada por el fiscal y aceptada por el tribunal como una seria agravante del delito del cerdo, o un gallo que acusado de brujería fue quemado en la hoguera por poner un huevo (2).
(1) Ayuno del sexto día,,
VÍDEO: Grandes misterios : la cocatriz
(2) . El ave, oriunda de Basilea (Suiza), fue condenada a la hoguera por poner (presuntamente) un huevo, aunque los fiscales no llegaron a un acuerdo sobre si el huevo podía convertirse en una cocatriz –una bestia mítica con apariencia de león o serpiente y cabeza de gallo– o si acabaría dando lugar a un basilisco. Finalmente, ninguna de las dos opciones fue bienvenida y el gallo fue ejecutado.
A partir del siglo XIII y hasta bien entrado el siglo XVII se celebraron vistas judiciales, entendiendo como habían sostenido San Agustín y Santo Tomás de Aquino que los animales si bien no tenían inteligencia sí tenían alma , y por lo tanto podían ser juzgados y sentenciados por las mismas leyes que los hombres, al existir una responsabilidad moral de los animales sobre los actos que cometían. Asimismo , esos juicios civiles y las excomuniones eclesiales, con su mezcla de fórmulas rituales ortodoxas (procesiones, rezos, invocaciones) y formas jurídicas ampliamente desarrolladas, permitían inculpar a los animales de los daños a los cultivos, y aplicar la justicia divina por medios procesales terrenales, que afectaban a cerdos, ( que que se llevaron la peor
parte ), bueyes
que corneaban a sus amos hasta matarlos , perros rabiosos que fueron
ahorcados, decapitados o despedazados por haber causado daños a los
humanos,, ratas o insectos que se comían las cosechas,..... que en
la mayoría de los procesos tenían
muy pocas posibilidades de salir absueltos o de gozar de la clemencia
del tribunal.
Una explicación práctica de estos procesos era que la justicia medieval tendía a buscar la reconciliación entre partes y muchas disputas podían resolverse con compensaciones o acuerdos, pero cuando una muerte entraba en escena, esa lógica se rompía porque el daño era demasiado grave y el dinero podía resultar insuficiente para cerrar la herida social, y en ese contexto, los tribunales intervenían para “tomar el control” del conflicto, apartarlo de la venganza privada y ofreciendo una salida institucional que repartiera la carga emocional y política del desenlace.
TIPOS
DE JUICIOS ANIMALES
Existían
dos tipos de juicios contra los animales:
1- Los
que se realizaban contra animales individuales acusados de haber
realizado alguna acción criminal , dirimidos
por tribunales civiles
2. Los
dirigidos contra las plagas que afectaban a la agricultura o a los
alimentos, competencia de los tribunales
eclesiásticos.
Para la gente medieval, el mundo fue creado por Dios de una manera muy lógica, con los animales creados primero, para servir y ayudar a los seres humanos, creados a imagen de Dios, y un juicio y una ejecución pública, incluso de un animal se consideraban una forma segura para castigar su incumplimiento. La razón de la competencia de los tribunales eclesiásticos estribaba en que se consideraba que las plagas eran causadas por la intervención directa de Satanás, que poseía de forma periódica a algunas especies para desgracia de los humanos., considerándose que el que ratones, topos, orugas o langostas devoraran las cosechas eran obra del Diablo que servía de estos animales para su malvado plan. Sin embargo, hasta bien entrado el siglo XVII se celebraron vistas judiciales y ejecuciones contra animales.
Así,
la pérdida de cosechas o alimentos por acción de langostas,
hormigas, gusanos ratas, etc., era un asunto de carácter civil que
debía ser tratado por las autoridades eclesiásticas cuando las
quejas y las peticiones de la comunidad lo hacían necesario,
mientras que por el contrario, el juicio de animales domésticos,
como cerdos, caballos, toros, perros, etc., que hubieran matado o
herido de gravedad a humanos, era asumido por jueces laicos.
Cuando eran las comunidades
o los labriegos quienes alegaban daños en su propiedad y cosechas,
debidas a plagas, el procedimiento judicial se llevaba a cabo
observando de manera estricta todos los formalismos procesales
requeridos para los juicios entre humanos, y en ocasiones con mucho
mayor celo y cuidado. Estos procesos se iniciaban con la demanda o
queja y con una inspección previa para determinar la veracidad de la
denunciaque incluía procesiones, advocaciones y oraciones para
apaciguar la ira de Dios antes de dar comienzo en debida forma al
juicio terrenal. El procedimiento incluía también el aviso previo
de los encausados mediante un edicto leído por un oficial del
tribunal en los terrenos o bosques donde se presumía que se
encontraban loa infranctores. Si los ruegos no daban resultado y la
plaga no remitía, se daba apertura formal a la causa, procediendo a
la citación de las partes.
Los juicios eclesiales observaban todas las formalidades legales: acusación, nombramiento de un defensor, proceso, discurso de la acusación, discurso de la defensa y sentencia. Ratas, ratones, pájaros, moscas, topos, caracoles, saltamontes, orugas, hormigas, gusanos, escarabajos y otras clases de invertebrados, fueron objeto de múltiples juicios durante la Edad Media, presididos por las autoridades eclesiásticas, y si los animales eran encontrados culpables, a la pena precedía un discurso ejemplarizante dirigido a los acusados donde se les explicaban las consecuencias de su falta y se les recordaba su grave pecado de desobediencia al creador antes de decretar de manera solemne la pena impuesta, y si aun así la plaga continuaba, se producía la excomunión (3) de los acusados, como si se tratara de un humano católico..
(3) Exclusión de una persona católica de su comunidad religiosa y de la posibilidad de recibir los sacramentos, dictada por la autoridad eclesiástica competente.
A
finales del siglo XVI empezaron a surgir dentro de la Iglesia voces
que desaprobaban este tipo de juicios, considerando que sólo el
hombre bautizado puede ser excomulgado, y que por tanto no tenía
sentido lanzar un anatema contra un animal : “Eran tan simples como
para hacer un juicio formal a las bestezuelas, citarlas, darles un
abogado para defenderse, abrir una investigación de los daños por
ellas causados. Luego conjuraban a los diversos animales,
declarándoles que debían salir de todo el territorio y desplazarse
a donde no pudiesen causar daño. Si el mal no cesaba con este
conjuro, el juez eclesiástico pronunciaba sentencia de anatema y de
maldición, y enviaba el auto de ejecución a los curas, sacerdotes y
habitantes, invitándolos a hacer penitencia de sus pecados, ya que
para su castigo enviaba Dios ordinariamente estas calamidades”. Sin
embargo, este tipo de procesos siguieron realizándose hasta bien
entrado el siglo XVII
ALGUNOS ANIMALES JUZGADOS
Ratones
de campo
En 1520 se inició un
proceso en Glurns (Suiza) contra unos ratones de campo acusados de
comerse las cosechas. Se siguieron todos los formalismos legales
(nombramiento de abogados, declaración de testigos, etc.) y
finalmente fueron condenados a abandonar inmediatamente el pueblo y
nunca más volver, aunque el tribunal guardó alguna consideración
con las hembras embarazadas y los ratones lesionados, a los que dio
14 días de prórroga para irse:
“Después
de haber escuchado a la acusación, a la defensa y a los testigos, el
tribunal decretó que las bestias dañinas conocidas bajo el nombre
de ratones de campo serán conjuradas a marcharse de los campos y
prados de la comuna de Stilfs en el plazo de catorce días, y que se
les prohíbe eternamente todo intento de retorno; pero que si alguno
de los animales estuviera embarazado o impedido de viajar debido a su
extremada juventud, se le concederán otros catorce días, bajo la
protección del tribunal… pero los que están en condiciones de
viajar, deben partir dentro de los primeros catorce días".
En cualquier caso, las
sentencias no iban dirigidas contra los animales en sí sino contra
el espíritu maligno que los había poseído obligándoles a
comportarse de esa manera. Además, la excomunión colocaba a los
animales fuera de la ley de Dios, por lo que podían ser exterminados
sin sentimiento de culpa alguna. Paulatinamente estos tipos de
juicios fueron desapareciendo y el Derecho Penal acabó juzgando al
único animal capaz de delinquir voluntariamente: el ser humano.
Mientras se esperaba el juicio, el animal era encarcelado de una a tres semanas , y había que alimentarlo, pagar a su carcelero y, eventualmente, al propietario del local. También había que pagar al verdugo y a sus asistentes, así como a los carpinteros, albañiles y personas de oficios diversos que instalaron el cadalso o prepararon los instrumentos de suplicio. Asimismo, buscar al animal culpable, escoltarlo hasta su prisión, conducirlo hacia su destino fatal requería la intervención de sargentos y guardias. Asimismo se cobraba por las cuerdas utilizadas para amarrar al acusado y hasta por los guantes utilizados por el verdugo, sumas totales que luego se imputaban al dueño del animal.
Ratones
Un
aspecto a destacar en estos juicios, es el recurso a una amplia
variedad de formalismos procesales utilizado por los defensores de
los animales. El trabajo de estos abogados era acucioso y tomado con
la mayor seriedad dentro del proceso, a fin de dilatar la causa y
lograr la absolución de sus defendidos. En agosto de
1487, una multitud de campesinos de la comarca francesa de Autun
acudió al obispo Jean Rolin para pedirle que intercediera ante Dios
para acabar con una plaga de ratones que estaba arrasando sus campos.
Monseñor ordenó a los párrocos de la comarca que salieran a los
campos para conminar a los roedores a que abandonaran el lugar; en
caso contrario, se expondrían a la ira del Altísimo. Pero las
exhortaciones de los religiosos no tuvieron efecto alguno, y los
ratones siguieron a lo suyo, devorando las cosechas.
Las
crónicas cuentan que monseñor, iracundo al ver cómo aquellos
animaluchos le desafiaban, ordenó que fueran juzgados por herejía.
Como en todo proceso, hubo un abogado defensor, el joven letrado
Barthélémy de Chassanée, quien, por el ingenio que demostró en
este juicio, llegó a convertirse en uno de los juristas más
célebres de su tiempo.
El
esforzado defensor pidió un aplazamiento porque sus clientes, los
ratones, eran tan numerosos y vivían tan dispersos por todo el
territorio que un solo auto de emplazamiento clavado a la puerta de
la catedral no servía para avisarles de la celebración de la vista.
Por eso, los sufridos sacerdotes de la diócesis tuvieron que salir
nuevamente a los campos, esta vez a leer en voz alta el auto procesal
para que los roedores estuvieran avisados.
Convocado
nuevamente el tribunal un mes después, los ratones seguían sin
comparecer en la sala, por lo que el letrado solicitó un
aplazamiento más, argumentando esta vez que los gatos sueltos por el
territorio impedían que sus clientes salieran de sus escondites.
Nuevamente, su petición fue aceptada. Chassanée logró retrasar el
juicio en seis ocasiones con los pretextos más peregrinos, hasta que
las autoridades eclesiásticas suspendieron finalmente aquel absurdo
proceso.
Cochinillas
En
1479 el obispo de Lausana dirigió un juicio contra una plaga de
cochinillas, para las que pidió la excomunión. El principal
argumento de la acusación era que las cochinillas no habían estado
en el Arca de Noé, lo que demostraba el poco afecto que Dios sentía
por ellas. Finalmente, las procesadas fueron anatematizadas en un
auto que comenzaba con la siguiente imprecación: “Vosotras
las acusadas, asquerosidad infernal, vosotras las cochinillas, que ni
seréis citadas entre los animales...”
Termitas
Más
suerte tuvo en cambio una colonia de termitas que en 1752 fue llevada
a juicio en Brasil por haber semidestruido el monasterio de unos
frailes franciscanos. El abogado de las hormigas argumentó que los
insectos habían vivido en aquel lugar desde siglos antes de la
llegada de los misioneros y colonizadores portugueses. Su alegato fue
aceptado, y finalmente fueron los frailes quienes tuvieron que
mudarse y dejar a las termitas como señoras de su antiguo
asentamiento.
Moscas
En Europa se llevaron a cabo, al menos, cien juicios en los que se acusó a las moscas. En 1664, por ejemplo, Elizabeth Style confesó que el diablo se le aparecía desde hacía diez años de muy diversas formas: un hombre apuesto, un perro, un gato o una gran mosca, “que venía a sorberle el seso sobre las cuatro de la madrugada”. Tras su confesión, el juez Robert Hunt, del condado inglés de Somerset, confió la custodia de Elizabeth a dos oficiales, quienes le informaron haber presenciado la “salida del diablo” hacia las tres de la madrugada, cuando una mosca brillante “de una pulgada de largo” salió de la cabeza de la viuda Style.
Perros
En
1379, en el pueblo belga de Saint-Marcel-le-Jeussery, una jauría de
perros hambrientos, entre los que se encontraban varias crías, atacó
la casa de un lugareño y mató a su hijo de corta edad. Los animales
fueron capturados, juzgados y condenados a muerte. Pero el sacerdote
local, Hubert de Poitiers, intervino ante el tribunal para pedir
clemencia para las crías, y lo hizo alegando a su favor que habían
sido malcriadas por los canes adultos. Los jueces se mostraron
comprensivos e indultaron a los perritos.
En
esta espiral de delirios procesales tampoco han faltado los animales
sentenciados por delitos políticos. Así, en 1792, en plena
Revolución Francesa, el mastín de un anciano aristócrata, el
marqués de Saint-Prix, se abalanzó sobre el alguacil que venía a
prender a su amo. El animal estaba disfrazado con una librea (4)
similar a la que usaban los soldados realistas. Aquello resultó
argumento suficiente para que el perro fuera acusado de reaccionario
y juzgado por actividades antirrevolucionarias. Finalmente, el perro
fue guillotinado junto a su amo.
(4) Traje que los príncipes, señores y algunas otras personas o entidades dan a sus criados;
habitualmente , uniforme y con distintivos.
Cerdos
A pesar de que la Edad Media, lejos de ser una época homogénea, y abarca una enorme variedad de culturas, climas y tradiciones, en la mayoría de los territorios europeos el cerdo fue omnipresente en la vida campesina y monacal (5) ofreciendo varias ventajas , ya que podía alimentarse de residuos, criarse con facilidad, reproducirse con rapidez y proveía una carne que, una vez curada, podía conservarse durante meses.
(5) Aunque los monasterios medievales no eran necesariamente los que tenían el mayor número de cerdos, sí desempeñaban un papel crucial en su cría y gestión. Muchos monasterios, especialmente los grandes propietarios de tierras, criaban cerdos en sus explotaciones ganaderas para el engorde estacinal como parte de su economía autárquica. La cría porcina era estratégica: el cerdo era económico, fácil de alimentar con desperdicios y bellotas, y proporcionaba carne, tocino, manteca y embutidos que aseguraban la subsistencia monacal. En algunos casos, el excedente se vendía, generando ingresos para obras del monasterio. Además había que añadir el diezmo en cerdos a los monasterios medievales una práctica común y significativa en la economía y vida religiosa de la Edad Media. Muchos campesinos estaban obligados a entregar parte de su producción, incluyendo cerdos vivos, carne, tocino o manteca, como parte del diezmo a la Iglesia, monasterios o señores feudales. Esta práctica no solo reflejaba la importancia económica del cerdo, sino también su integración profunda en la estructura social y religiosa.
Los cerdos fueron uno de los animales juzgados con mayor frecuencia, A diferencia de lo que creemos, los cerdos del medievo no eran como los apacibles que animales rosados que podemos ver hoy sino que en gran parte se encontraban en estado semisalvaje y podía ser peligrosos para el ser humano La realidad es que, según la iconografía medieval y los restos de animales encontrados en emplazamientos arqueológicos, el cerdo medieval aparece representado como un animal de largas piernas, largo hocico y delgado, con una espalda con cresta arqueada, colmillos largos y curvos. Cubierto por pelo largo y oscuro, en apariencia y a veces en comportamiento no era muy diferente a un jabalí con el que a menudo se cruzaba.
Los cerdos , aún semisalvajes, se alimentaban de bellotas, raíces y recursos forestales mediante el derecho de "montanera" (pastoreo en bosques comunales) bajo el cuidados de los porqueros, y también transitaban libremente hasta su prohibición por las calles de pueblos y ciudades alimentándose de desperdicios, causando daños a cultivos, transmitiendo enfermedades (como triquinosis) y no era extraño que produjeran heridas o incluso la muerte de personas, especialmente bebés a los que se habían dejado solos, de forma imprudente, en las puertas de sus casas .
Para hacer aún más ejemplar el juicio y el cumplimiento de la
sentencia, las leyes indicaban expresamente que al cerdo
condenado, tenía que cortársele el hocico y luego proceder a
colocársele una máscara con rostro humano. Posteriormente se
procedía a vestirle con las ropas del dueño para que en apariencia
pudiese tener una leve similitud a un juicio humano y, para
dejar la impresión final de que también el castigo simbólico iba
dirigido hacia el amo, como responsable indirecto de los actos del
animal. En el juicio se observaban todos los formalismos legales y las reglas del
tribunal: acusación, nombramiento de un defensor, proceso, discurso
de la acusación y discurso de la defensa, para culminar finalmente
con la sentencia.
Así, a fines del siglo XIV un animal tras haber cometido un crimen o un perjuicio grave, comparece ante un tribunal, es juzgado y luego condenado a muerte por una autoridad laica. Mientras se espera el juicio, el animal es encarcelado: , hay que alimentarlo, pagar a su carcelero y, eventualmente, al propietario del local. El encarcelamiento puede durar de una a tres semanas. A su vez, hay que pagar al verdugo y a sus asistentes, así como a los carpinteros, albañiles y personas de oficios diversos que instalaron el cadalso o prepararon los instrumentos de suplicio. Asimismo, buscar al animal culpable, escoltarlo hasta su prisión, conducirlo hacia su destino fatal requiere la intervención de sargentos y guardias. En la Edad Media, castigar el crimen cuesta caro, muy caro. Todas esas sumas, entonces, están cuidadosamente consignadas en los registros contables de la autoridad judicial o de un notario, donde también se registran los nombres de los beneficiarios y se indican, a veces, algunas precisiones sobre las tareas realizadas.,
Mientras el príncipe heredero Felipe, hijo de Luis el Gordo, cabalgaba por una de las calles principales de París, un jabalí, propiedad de un abad, corrió violentamente entre las patas de su caballo que asustado se encabritó y le le hizo caer, sufriendo graves heridas que le causaron la muerte., por lo que el príncipe cayó al suelo y murió. Acusado de regicidio (6) , el animal como castigo acabó destripado públicamente en un cadalso. La primera medida que tomó Luis VI, tras el fallecimiento de su hijo, fue dictar un edicto por el que prohibía la libre circulación de cerdos por las calles de París (algo muy habitual en la Edad Media), salvo una sola excepción: la de los puercos pertenecientes a la abadía de Saint-Antoine, ya que estaban considerados como "siervos de designación divina".
(6) Asesinato deliberado de un monarca o soberano de un estado.
Ejecución de la cerda infanticida de Falaise - Grabado de "El hombre y la bestia" de Arthur Mangin - 1872 -
La cerda de Falaise
La ejecución más documentada de los alrededor de doscientos casos en los que una gran variedad de animales acabaron sentados en el banquillo de los acusados, ocurrió a comienzos de 1386, que ha trascendido a la posteridad gracias a que todos los detalles fueron recogidos minuciosamente para la posteridad por un escribiente local, Guiot de Montfort, relatándose la ejecución pública, en Falaise, Normandía, de una cerda de tres años, acusada de infanticidio por matar a un niño devorándole el rostro y los brazos. El noble local, el vizconde Pere Lavengin, ordenó celebrar un proceso en el que el animal fue condenado a muerte., siendo conducida al patíbulo donde frente a una muchedumbre heterogénea integrada por el vizconde de Falaise ,habitantes de la ciudad, campesinos venidos de los campos de los alrededores y granjeros a los que se había obligado a asistir con sus ceros para que presenciaran la matanza,y les sirviera de escarmiento,, donde la cerda vestida con ropas de hombre, con una chaqueta , calzones, calzas en las patas traseras, guantes blancos en las patas delanteras, el verdugo (7) le amputó los brazos y el morro, tal y como ella había hecho con su víctima, y luego colgada por los cuartos traseros hasta morir, cosa que sucedió pronto, a causa de la hemorragia masiva., para posteriormente ser trocea y sus restos quemados en una hoguera Se ignora qué fue de sus cenizas, pero sabemos que un tiempo después, por pedido del vizconde de Falaise, se realizó una gran pintura mural en la iglesia de la Santa Trinidad, a fin de conservar el recuerdo del acontecimiento.
(7) El verdugo de la ciudad recibió diez sueldos y diez denarios torneses por su trabajo además de diez sueldos para comprarse un par de guantes nuevos. Se trata de una suma importante para un par de guantes, pero los anteriores se habían manchado material y simbólicamente de tal forma que sin duda era necesario ir más allá de la mera indemnización.
El
10 de enero de 1457, una cerda fue condenada por "asesinato
cometido flagrantemente en la persona de Jehan
Martin,
de cinco años,hijo
de Jehan Martin de Savigny",
y sentenciada a ser "ahorcada por las patas traseras en un árbol
de patíbulo". Sus
seis lechones, al encontrarse manchados de sangre, fueron incluidos
en la acusación como cómplices;
pero "a falta de cualquier prueba positiva de que hubieran
ayudado a mutilar al fallecido, fueron devueltos a su dueño, con la
condición de que diera fianza para su comparecencia, en caso de que
surgieran más pruebas para demostrar su complicidad en el crimen de
su madre".
Unas
tres semanas más tarde, el 2 de febrero, es decir, "el viernes
después de la fiesta de Nuestra Señora la Virgen", los
lechones fueron llevados de nuevo ante el tribunal y, como su
dueño, Jehan
Bailly,
los repudió abiertamente y se negó a ser responsable de ninguna
manera por su futura buena conducta, fueron declarados, como
propiedad vacante, confiscados a la noble damiselaKatherine
de Barnault,
Dama de Savigny.
El
14 de junio de 1494, un lechón fue arrestado por haber "estrangulado
y desfigurado
a un niño pequeño en su cuna, hijo de Jehan Delalante , un vaquero en
la granja de Clermont, y de Gillon, su esposa", y se procedió
contra él "como la justicia y la razón desearían y
requerirían". Varios
testigos fueron examinados,
quienes testificaron "bajo juramento y conciencia" que "en
la mañana del Día de Pascua, mientras el padre guardaba el ganado y
su esposa Gillon estaba ausente en el pueblo de Dizy, el infante se
quedó solo en su cuna, el dicho cerdo entró durante dicho tiempo en
dicha casa y desfiguró y comió la cara y el cuello del dicho niño,
que murió como consecuencia de las mordeduras y desfiguraciones infligidas por el cerdo, diactando el juez la siguiente sentencia:.
"Nosotros, en repulsa y horror por dicho crimen, y con el fin de que se haga un ejemplo y se mantenga la justicia, hemos dicho, juzgado, sentenciado, pronunciado y designado que dicho cerdo, ahora detenido como prisionero y confinado en dicha abadía, será por el maestro mayor de obras ahorcado y estrangulado en un patíbulo de madera cerca y adyacente a la horca y al alto lugar de ejecución perteneciente a dichos monjes, siendo contiguo a su granja de Avin". El crimen fue cometido "en la granja de Clermont-lez-Montcornet, perteneciente en todos los asuntos de alta, media y baja justicia a los monjes de la orden de Premonstrants", y el juicio fue dirigido por "Jehan Levoisier, licenciado en derecho, el gran alcalde de la iglesia y monasterio de St. Martin de Laon de la orden de Premonstrants y los concejales del mismo lugar". Los demandantes fueron los frailes, que presentaron cargos contra el cerdo y obtuvieron las pruebas necesarias para su condena.
A veces se imponía una multa al dueño del animal ofensor, como fue el caso de Jehan Delalande y su esposa, que fueron condenados, el 18 de abril de 1499, por el alguacil de la Abadía de Josaphat cerca de Chartres, a pagar una multa de dieciocho francos y a ser confinados en prisión hasta que se pagara esta suma, "a causa del asesinato de un niño llamado Gilon, de cinco años y medio o de edad similar, perpetrado por un cerdo, de unos tres meses de edad". El cerdo fue condenado a ser "ahorcado y ejecutado por la justicia". Los dueños fueron castigados porque se suponía que habían sido culpablemente negligentes con el niño, que había sido confiado a su cuidado y custodia, y no porque tuvieran, a los ojos de la ley, alguna responsabilidad de propiedad por el animal infanticida. La multa implicaba negligencia por su parte como guardianes o padres adoptivos del infante.
En la segunda mitad del siglo XVI, los tribunales comenzaron a tomar medidas preventivas contra la molestia pública responsabilizando a los habitantes por los daños causados a los individuos por los cerdos que andaban sueltos y amenazando con castigos corporales y pecuniarios a todas las personas que dejaran "tales bestias sin una buena y segura guardia". Así se registra que el 27 de marzo de 1567, "una cerda con un hocico negro", "por la crueldad y ferocidad" mostrada al asesinar a un niño pequeño de cuatro meses, habiendo "comido y devorado la cabeza, la mano izquierda y la parte superior del pecho derecho de dicho infante" fue condenada a ser "exterminada hasta la muerte, y para ello a ser ahorcada por el verdugo de alta justicia en un árbol dentro de los límites y linderos de dicha judicatura en la carretera de Saint-Firmin a Senlis". El tribunal de la judicatura de Senlis, que pronunció esta sentencia por queja del procurador de la señoría de Saint-Nicolas, también prohibió a todos los habitantes y súbditos de dicha señoría permitir que tales bestias anduvieran sin vigilancia bajo pena de una multa arbitraria y de castigo corporal en caso de impago.
El 20 de noviembre de 1664, la municipalidad de Nápoles aprobó una ordenanza para que los cerdos, que frecuentaban las calles y plazas en detrimento y peligro de los habitantes, fueran retirados de la ciudad a un bosque u otro lugar deshabitado o fueran sacrificados dentro de los doce días, bajo pena de las sanciones ya prescritas y amenazadas. Sin embargo, parece que estas ordenanzas no produjeron el efecto deseado o pronto cayeron en desuso, ya que se promulgó otra cuatro años después, el 29 de noviembre de 1668, expulsando a los cerdos de la ciudad y llamando la atención sobre el hecho de que corrompían la atmósfera y así ponían en peligro la salud pública. Las consideraciones sanitarias y las medidas saludables de este tipo no eran en absoluto comunes en la Edad Media, sino que eran una consecuencia gradual del espíritu del Renacimiento. Fue con el resurgimiento de las letras que los hombres comenzaron a amar la limpieza y a apreciar su valor higiénico, así como su belleza estética.
BESTIALISMO
Un caso especial de juicio animal era por el llamado bestialismo, relaciones sexuales humano-animal que eran una de las máximas aberraciones para el cristianismo y la justicia secular. Estos actos, considerados abominables y propios de infieles, fueron castigados con la pena de muerte para los involucrados. En estos casos se apelaba a los testigos para que dieran fe de tan inmunda conducta, y luego de escuchar los descargos del racional acusado, si estos no eran convincentes se decretaba la máxima pena. En algunos casos se llegó a encerrar en una bolsa al animal junto con su cómplice, hombre o mujer y los documentos del proceso para luego ser arrojados a la hoguera; de esta manera se buscaba que no quedase rastro de este horrible crimen Para el imaginario de la época, el delito de bestialismo constituía un grave desafío al Creador y la negación del principio fundamental de la creación, por tal razón no había compasión con sus ejecutores. Aunque se consideraba que el animal podía haber sido obligado a tales actos, de todos modos era un testimonio visible de la infamia humana, por lo que también debía ser ejecutado.
En 1750, un hombre y una mula fueron sorprendidos en pleno acto de sodomía. La fiscalía pidió la pena de muerte para ambos: el hombre fue sentenciado, pero el animal fue dejado en libertad bajo el argumento de que fue víctima de violencia y no había participado en el delito de su amo por propia voluntad. El párroco del lugar declaró que la conocía desde hacía cuatro años, y que «siempre se había mostrado mansa y nunca había dado ocasión de escándalo a nadie, y por tanto era, en palabra y obra y en todos sus hábitos de vida, una criatura muy honesta».
Fuentes: Historia del juicio a los animales-E.P. Evans- El Desvelo Edciones /Una historia simbólica de la Edad Media – Michel Pastoureau-Katz editores / La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural-Jan Bondeson-Editorial SIGLO XXI / / https://elhistoricon.blogspot.com / https://historiasdelahistoria.com