Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por su seudónimo artístico Lewis Carroll, fue un inglés polifacético del siglo XIX; escritor, fotógrafo, matemático, lógico y diácono anglicano y autor de Alicia en el Pais de las Maravillas publicado en noviembre de 1865 y de Alicia a través del espejo (1871) y de Alicia para los pequeños,en 1890.
VÍDEO: El País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll es una de las obras maestras de la literatura inglesa, y aunque todos conocemos qué nos cuenta el libro a grandes rasgos, sobre todo debido a las múltiples adaptaciones de las que ha disfrutado, sigue siendo una obra relativamente desconocida.

Alicia en el País de las Maravillas es un libro infantil escrito por Carroll para su amiga Alice Liddell, de diez años, y la función del texto era el de ser disfrutado exclusivamente por ella en su primera versión, Alicia Aventuras subterráneas. Por eso gran parte de la dinámica de la historia se estructura en base a lo que divierte a los niños: caer por toboganes sin fin, correr, esconderse, romper cosas, hacer preguntas.
Pero Carroll odiaba los libros con moraleja final destinados a niños, muy habituales en la Inglaterra victoriana, en los que se advertía a los pequeños lectores que debían obedecer a sus padres o respetar a sus hermanos. Por eso Alicia no tiene moraleja y transmite esa sensación de anarquía: no es que no sea un libro moral, es que no da lecciones desde un pedestal. Posiblemente sea una de las razones que le han permitido envejecer tan bien.
A lo largo de su historia, Alicia en el País de las Maravillas ha sido reivindicada por distintos colectivos ajenos a las corrientes dominantes de la cultura. Por ejemplo, los surrealistas vieron en la lógica narrativa de Alicia algo muy próximo a un sueño. Y con razón: los recursos de Carroll no tocan solo los temas de un sueño agitado -las persecuciones que no van a ningún sitio, esconderse de nada, cambios de tamaño, objetos y escenarios mutantes-, sino que a veces parece hacer guiños muy específicos al fascinante mundo de los sueños lúcidos y a la peculiar textura líquida de las pesadillas.

Láudano
Desde el primer capítulo se contemplan cambios y transformaciones en el tamaño de Alicia, bien por ingerir dulces, bebidas, o por un trozo de seta que le hace crecer unas cuantas pulgadas. «Un lado te hará crecer y otro menguar», le dice la oruga a Alicia. Es decir, que el sombrerete le haría aumentar y el tallo disminuir. Estas propiedades se describen en ciertos hongos que al comerlos ocasionan alucinaciones relacionadas con el tamaño y las distancias. Por ejemplo con la Amanita muscaria que produce un trastorno neurológico, también llamado "Síndrome de Alicia en el país de las maravillas", que altera la visión de las proporciones de las cosas. Esta enfermedad está relacionada con la migraña pero también con las drogas psicoactivas como el LSD o los hongos.
La persona puede sentir que su cuerpo entero o partes del mismo se alteran en tamaño y forma y que los objetos se encojen o se agrandan, se alejan o se acercan. Esta patología no es un problema visual, sino un trastorno en la forma en que el cerebro toma y procesa la información entrante. Se trata de dos trastornos de la visión que presentan una alteración en la percepción del tamaño de las cosas denominadas micropsia o síndrome de Alicia en el país de las maravillas, o macropsia según los objetos sean visualizados con un tamaño menor al que realmente tienen; o con un tamaño mayor al real.
Otro personaje que puede representar al fumador de opio, que en la época de la sociedad victoriana inglesa era una sustancia legal, es el la Oruga , que tumbada en una seta, fuma de su misteriosa narguille (pipa oriental), bosteza, habla a Alicia con voz lánguida y soñolienta.
El motivo esencial por el que Alicia se ha convertido en un icono de la contracultura a lo largo del siglo XX está claro: es un libro con un trasfondo siniestro indiscutible. No hay que olvidar que, por muy infantil que sea (y entroncando con que Hansel y Gretel y Caperucita Roja tampoco es que sean cuentos infantiles que ensalcen la alegría de vivir), al final es la historia de una niña que huye de un montón de locos que no atienden a razones y que quieren agredirla, algunos de forma muy sangrienta. Eso y determinados momentos de poesía oscura (Alicia está a punto de ahogarse en un mar creado por sus propias lágrimas de ira y frustración) y caos desconcertante en estado puro
Lewis Caroll y Alice Liddell
Alicia no es una de esas obras que se necesite leer con una edición con miles de notas y con documentación externa: es un libro de aventuras y con eso es suficiente para disfrutarlo. Pero una información sobre el autor y sus circunstancias suma más significados a un libro ya de por sí bastante simbólico.
Lewis Carroll era profesor de matemáticas en Oxford y diácono de la Iglesia Anglicana. Tímido y reservado, era un apasionado de la fotografía, los juegos matemáticos (sus libros de acertijos y problemas aritméticos son una delicia), la experimentación con el lenguaje, la fotografía (también fue un pionero en ese campo) y los niños. Adoraba a los niños y trabó una fuerte amistad con los hijos pequeños del deán, especialmente con Alice Liddell, de diez años, a la que en un día de picnic entretuvo improvisando la chiflada historia que luego se convertiría en Alicia en el País de las Maravillas. La imagen más famosa de la Alice real es una foto que le hizo Carroll en la que aparece disfrazada de mendigo. La foto tiene una atmósfera algo perturbadora, como la tienen muchas de las más de mil quinientas fotos de niños que hizo Carroll, todas con el permiso correspondiente de los padres (muchas de estas imágenes se han recuperado de manos de las familias de los niños, que las conservaban como recuerdos de la época).
Alice Liddell disfrazada de mendigo
En la Inglaterra victoriana se tenía una percepción muy particular de los niños, compartida por Carroll, como vehículos de inocencia absoluta e incorrompible, en contraposición a lo que era una sociedad adulta pecaminosa y corrupta. Las imágenes de niños desnudos o semidesnudos (Carroll hizo una treintena) eran habituales y no tenían las connotaciones actuales. Sin embargo En 1863 sucedió algo en la relación de Carroll con los Liddell que hizo que apenas volviera a ver a los cinco hijos de la familia.
No se sabe qué pasó exactamente porque los herederos de Carroll arrancaron las páginas de esos años de su diario y ese secreto murió con Alice Liddell en 1934, cuando aún no se había empezado a cuestionar la personalidad de Lewis Carroll. Se cree que el autor comunicó a los padres de Alice que estaba enamorado de su hija y que quería casarse con ella ("de forma honorable y a través de los padres", según la teoría de Florence Becker Lennon en Victoria through the looking glass), algo que los padres de la niña no aceptaron al tener la criatura solo 11 años. A partir de ahí la relación de Carroll se enfrió aunque no se interrumpió, ya que Alice recibió como regalo el manuscrito de Alice's Adventures Under Ground en 1864.
Desde mediados del siglo XX, Alicia en el País de las Maravillas ha sido analizado no solo por sus valores literarios, sino también como psicoanálisis de la mente de Carroll. Y se ha dicho de todo: que es una vía de escape para deseos prohibidos (volvemos a la idea de una niña perseguida y agredida por un montón de adultos, algo que a ella parece no importarle demasiado) y que hay una imaginería en el libro (Alicia cayendo por la madriguera, el cuello de Alicia estirado hasta lo indecible) que funciona como metáfora de cuestiones turbias. Aún hoy, es complicado llegar a alguna conclusión: hay una corriente de pensamiento reciente que afirma que proyectamos nuestros prejuicios e ideas contemporáneas sobre el autor, que en realidad tenía una vida romántica bastante convencional e incluso tirando a activa, como se ha ido demostrando con cartas y diarios.
Fuentes: http://www.abc.es / Alicia anotada- Martin Gardner- Editorial Akal / Alicia en el País de las Maravillas-A Través del Espejo-Edición de Manuel Garrido-Editorial Cátedra/ http://verne.elpais.com








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