(1) La prostitución llegó a ser conocida como "El gran mal social". Las estimaciones del número de prostitutas se calculó que era de 8600 en el Lon dres de 1857. El alcance de la prostitución en Londres en la década de 1880 fue relevante a nivel nacional y mundial a través de los asesinatos altamente publicitados atribuidos al asesino en serie Jack the Ripper ( Jack el Destripador) cuyas víctimas eran exclusivamente prostitutas que vivían en la indigencia en las décadas de 1880 y 1890, para las que ofrecer sus servicios sexuales constituía un necesidad vital para poder obtener los ingresos necesarios para comer y poder alojarse temporalmente a cubierto, y que representaban una presa fácil para los criminales .(2) En 1833 se promulgó la Ley de Diez Horas de 1833 , que disponía que los niños que trabajaban en las fábricas de algodón y lana deben tener nueve años o más; ninguna persona menor de dieciocho años debía trabajar más de diez horas al día u ocho horas los sábados; y nadie menor de veinticinco años debía trabajar de noche. Por su parte la Ley de Fábricas de 1844 decía que los niños de 9 a 13 años podían trabajar como máximo 9 horas al día con un descanso para almorzar. NO obstante, durante el largo reinado de Victoria se siguió explotando el trabajo de niños y niñas en la minería, la industria y el servicio doméstico con regímenes de 8, 10 o 12 horas, y que . morían a causa del raquitismo, escoliosis, asma, desnutrición, viruela o sarampión.(3) Durante la epoca victoriana, las mujeres sufrieron un estricto control que comprendía desde el modo en que debían vestirse y comportarse , hasta asumir la autoridad masculina sobre ellas, que las leyes autorizaba. carecían del derecho de sufragio, del de litigar en juicio y a poseer bienes propios. La Ley de causas matrimoniales de 1857 permitía la separación legal del esposo o la esposa por motivos de adulterio, crueldad o deserción.Un hombre podía divorciarse por adulterio, pero una mujer solo podía divorciarse por adulterio si existían otros delitos como incesto, crueldad, bigamia , deserción, etc., o basados únicamente en la crueldad .Asimismo sus actividades estaban limitadas exclusiva y específicamente a la esfera doméstica, y se requería de ellas que mantuvieran la casa limpia, la comida en la mesa y a los hijos educados. Cuando un hombre y una mujer contraían matrimonio ,los derechos de la mujer se cedían a su marido, y bajo las leyes inglesas, la pareja se convertía en una entidad única, representada por el marido, que pasaba a controlar todo lo referente a la familia: el dinero, las posesiones y el propio destino del matrimonio. Las mujeres se convertían, de hecho, en otra posesión más de sus maridos, que asimismo se convertían en dueños de todo lo que ellas pudieran darles, hijos incluidos. El matrimonio otorgaba al marido incluso el derecho de propiedad del cuerpo de su esposa (la institución del matrimonio suponía que la mujer debía consentir sexualmente ante su marido en todo momento, según su deseo) y daba por hecho que el cuerpo de la mujer ya no le pertenecía a ésta.
La epoca victoriana fue también una época de crecimiento y de progreso. La Revolución Industrial supuso el nacimiento de una nueva clase, la clase media y, por primera vez en la historia, sucedió que la gente trabajadora empezó a disponer de algo hasta entonces desconocido para ellos: un periodo de tiempo libre que se podía dedicar a la práctica a actividades «mundanas» como el ciclismo. Multitud de ciclistas comenzaron a tomar las calles, los caminos y las carreteras , permitiendo que aquellos que nunca habían salido de sus pueblos, de sus barrios y de sus comarcas se aventurasen ahora más allá de sus lugares archiconocidos y explorasen nuevos territorios. Aunque fuero mayoritariamente hombres, hubo mujeres, arriesgadas amazonas del pedal, que, intrépidas, se lanzaron a pilotar esos artilugios que para muchos eran auténticas «máquinas del diablo».
Montar en bicicleta en la década de 1890 , sacudió la economía y las bases mismas de la sociedad, especialmente los sagrados principios de la moral aplicada a la mujeres, y a las que no resultó facil practicar una actividad que se suponía exclusivamente masculina, pero fue la evolución de la propia tecnología de la máquina adaptando su diseño a las necesidades femeninas lo que permitiría que el ejercicio del ciclismo femenino se extendiera de manera masiva por todos los rincones del mundo británico y por extensión al resto de Europa y América.
Así, y junto con otros factores, la práctica del ciclismo entre las damas propiciaría el nacimiento en dicha década de la «Nueva Mujer», término que se usó para describir a las mujeres que rompían con las convenciones sociales imperantes trabajando fuera de casa, renunciando a su tradicional rol de madres y esposas, y reivindicando un activismo político mediante el sufragismo, el protofeminismo y la defensa de sus propios derechos. La «Nueva Mujer» se situaba en igualdad de condiciones con el hombre, y la bicicleta ayudó en gran medida a que algo así, tan impredecible e inimaginable en la época, se hiciera posible.
No obstante, entre los argumentos decididamente a favor o en contra de la práctica ciclista por parte de la mujeres, hubo un amplio abanico de posicionamientos intermedios, sobre todo porque progresivamente se fue asumiendo la utilidad de su práctica en materia de salud, aunque siguiese preocupando en lo referente a la moralidad.
La época victoriana no era particularmente condescendiente con las mujeres ni con su indumentaria femenina, ni con su comportamiento, y el acceso de la mujer a la bicicleta , y fue el reparo de tipo moral y estético de gran parte de la sociedad, lo que ocasionó numerosos debates sobre el vestido que las mujeres debían utilizar para practicar ciclismo. Tanto en Europa como en Norteamérica, las razones higiénicas y de confort impulsaron a las mujeres ciclistas a abandonar su traje tradicional compuesto de largas faldas, corsé y miriñaque, prendas que se habían convertido en un tanto peligrosas e incómodas para montar en bicicleta. El nuevo atuendo que adoptaron fue más racional, dejaron al descubierto sus tobillos y piernas, lo que provocó el consiguiente escándalo entre los moralistas, aunque las mujeres ciclistas pusieron un cuidado muy especial en el asunto de la vestimenta, con el fin de que no se las confundiera con otro tipo de damas "sospechosas"que solamente usaban el ciclismo como un modo de exhibirse ante la sociedad machista.
Las mujeres que decidieron subirse a una bicicleta no solo consiguieron algo que no habían tenido hasta entonces (movilidad física por sus propios medios), sino que la práctica del ciclismo les ayudó a ampliar sus horizontes más allá de los barrios en que vivían y habían vivido siempre, y les hizo descubrir una libertad de la que habían carecido, gracias, en parte, a la eliminación de lo que en gran medida había estado asfixiándolas: su atuendo.
Los restrictivos ropajes de las mujeres victorianas (corsés, pesadas y largas faldas con enaguas, camisas de cuello alto rígido) les imposibilitaba una necesaria libertad de movimiento para montar en bicicleta y, más allá, parecía simbolizar la prisión invisible, forjada a base de convenciones, en que se hallaban encerradas. Dicho atuendo era incompatible con cualquier tipo de ejercicio físico, y el ciclismo requería una indumentaria más práctica, más racional, de modo que las faldas largas y los corsés empezaron a dar paso a los pantalones anchos o bombachos (4), a veces incluso en forma de falda-pantalón, ceñidos a la altura de las rodillas. Quien quisiera montar en bicicleta tenía que vestir más libremente, lo que conllevaba, a su vez, mayor sensación de libertad. Las carreteras y las calles de Inglaterra , y también las de América se poblaron de mujeres vestidas como hombres, de mujeres que pusieron en tela de juicio los estereotipos de género desafiando a algunos moralistas de la época para los que bombacho corto enseñando las pantorrilla con un sillín anidado entre las piernas , daba una imagen innegablemente sexual para el rígido código moral victoriano.
(4) La neoyorkina Amelia Bloomer fue la creadora de los Bloomers (los pantalones bombachos) y también una incansable defensora de los derechos de la mujer en una sociedad, que ante los ojos de los hombres solo había sido hasta entonces el pilar de la familia, dejando en un segundo plano las facetas culturales, creativas, políticas y laborales femeninas. En aquella rígida moda victoriana los bloomers significaron un gran cambio, ya que las mujeres optaron por otras prendas más cómodas y apropiadas para realizar las diferentes actividades deportivas a las que la mujer se estaba incorporando, como el ciclismo, sin corsé, con la nueva indumentaria de los bloomers, y desechando los vestidos de falda larga.
A vosotras, amas de casa, os decimos: desabrochad vuestros vestidos y dejad que todas las prendas queden holgadas sobre vuestros cuerpos. Seguidamente, respirad a pleno pulmón, henchíos de aire tanto como podáis, y en ese mismo instante abrochad la ropas. Cortad después esas faldas ondeantes hasta la altura de las rodillas, y poneos unos pantalones holgados abrochados junto a los tobillos”. (Amelia Bloomer )
Los pantalones azules de gimnasia deben ser de una amplitud tal que parezcan enteramente como faldas de vuelo.
La longitud debe ser exactamente hasta media pantorrilla, de forma que al subir la goma y ajustándosela por encima de la rodilla, ésta esté totalmente cubierta por la falda.Las blusas de la gimnasia serán asimismo de una amplitud normal para que no se ciñan al cuerpo.En las competiciones de natación se utilizarán siempre los trajes de baño aprobados en la circular nº. 74 del Departamento de E.F. (solían ser de lana).Se prohíbe salir a la calle con el traje de gimnasia sin ponerse el abrigo encima (también cuando la competición o concurso se celebrara en verano).
No obstante la mobilidad e independencia que permitía la bicicleta creó un nuevo problema para la mujer por la sospecha de que las hasta entonces bien vigiladas mujeres pudieran desplazarse sin acompañantes a lugares aislados para realizar "actos impuros" o tener un comportamiento impropio de una mujer respetable, lo cual suponía una amenaza para el orden moral establecido.
La ciclista "sospechosa"
Pronto surgieron opiniones muy hostiles hacia las mujeres que montaban en bicicleta, que quedan reflejados en periódicos de la época , relacionando el ir en bicicleta con una conducta inapropiada , equiparando a la ciclista a una mujer de moral relajada, o bien a una mujer “masculinizada” que pretendía imitar a los hombres , imágenes ambas con fuerte carga peyorativa. En respuesta estas imágenes muchas pusieron especial énfasis en adoptar conductas que desmintieran los supuestos de irrespetabilidad a los que eran sometidas. El reto para ellas era demostrar que montar en bicicleta y ser decente eran cosas compatibles , y para ello tenían que desarrollar estrategias que demostraran de forma inequívoca su “inocencia”.
Así, si no se podía eevitar evitar que la mujer se subiera a la bicicleta, era necesario transmitir una imagen de la ciclista que en ningún caso pongaen peligro los sacrosantos valores de la familia burguesa, que podía pedalear y y lucirse en apacibles paseos por parques y jardines y otras actividades de ocio . Y de ello se ocuparon numerosas publicaciones, dando instrucciones y consejos a las ciclistas.
1. No llevarás corsé, sino jubón o justillo.2. No usarás ligas de goma, lleva sencillamente cintas.3. Usa pantalones de tela bien holgados y encima falda corta.4. Lleva toca o capota y no te olvides del velo y de los guantes.5. Guárdate como del fuego de la grosera vestidura del hombre.6. Calza zapatos bajos que dejen libres tus pies.7. Lleva contigo una falda arrollada al timón, te la pondrás cuando llegues al término del viaje.8. De tal manera vestida pedalearás modesta y moderadamente.9. Por término medio sólo andarás 12 o 15 leguas por día.10.Por la noche acuéstate para reposar tranquilamente.
También se ocupa del tema , F. J. Erskine, escritora victoriana, que publica en 1897 el pequeño manual Damas en bicicleta. Cómo vestir y normas de comportamiento ,«escrito para mujeres ciclistas por una mujer ciclista», en el que la autora guía a las nuevas practicantes del deporte de la bicicleta en Inglaterra, aconsejándolas sobre todo tipo de cuestiones: vestimenta, correcta alimentación para no sucumbir al agotamiento tras una larga jornada sobre dos ruedas; trucos de mecánica para poder reparar la bicicleta en caso de avería súbita; comportamiento ante eventualidades como un repentino encuentro con un mendigo, cruces peligrosos y vecinos poco amigables; y organización de juegos con bicicleta en el jardín de casa. Este curioso manual de buenas prácticas ciclistas victorianas constituye un recordatorio del papel revolucionario que tuvo la bicicleta en la existencia de las mujeres inglesas de finales del XIX, así como un testimonio sin igual de esa época, con recomendaciones tales como transitar por espacios iluminados,y fácilmente accesibles, hacerlo en compañía, pedalear de manera contenida y sin extravagancias, y en ningún caso a grandes velocidades; llevar una falda que poder ponerse encima de los pantalones una vez alcanzado el lugar de destino.
La sistemática erotización de la bicicleta y de la mujer que la utilizatiene como propósito fundamental restar legitimidad a la ciclista y, por extensión, a toda mujer que se atreve a conquistar la libertad y el espacio urbano y que prefiera la visibilidad pública al recato. Algunos consideraron que una mujer con bombacho corto y ropa suelta , sentada a horcajadas sobre su bicicleta, con las pantorrillas a la vista,sus pechos libres sin corsé y un sillín anidado entre las piernas daba una imagen innegablemente sexual para el rígido código moral victoriano.
De forma paralela a la representación de la mujer en bicicleta como una mujer poco deseable desde el punto de vista social, aparece la de mujer deseada, cuya erotización se vehiculiza a través de la asociación de lo supuestamente “masculino” (el metal, lo duro, lavelocidad) con las poses y atuendos de lo “femenino” (la turgencia, la pasividad, lo blandoo que es representada en una amplia producción de imágenes eróticas en las que aparecen mujeres junto a bicicletas , desnudas o en en poses seductoras o insinuantes.
En ningún caso estas imágenes sugieren una idea de mujer que utilice la bicicleta como medio de transporte, sino que los atuendos, las posturas y los escenarios nos hablan de mujeres que quedan siempre relegadas al espacio erótico.Y es que, a la mujer que pedalea de forma modesta y recatada, bien tapada y a la luz del día, se superpone el fantasma de esa otra que, con el pelo al viento y las piernas al descubierto, escapa a todo control social e incurre en actitudes claramente censurables pero también provocadoras del deseo masculino.
Fuentes: La mujer y la bicicleta en el siglo XIX - Rosa María Sáez García-Universitat Jaume I / El ciclismo femenio español en la década de 1890- Alejandro Camino-Universidad Autónoma de Madrid / Culturas del erotismo en España (1898-1939)- Maite Zubiarrure-Editorial Crítica/ Una curiosa historia del sexo-Kate Lister -Editorial Capitan Swing/














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