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6 de diciembre de 2019

LA FRIGIDEZ Y LA OPERACIÓN DE CLÍTORIS

Príncipe Waldemar de Dinamarca y familia

Waldemar, Jorge y Marie Bonaparte

El dia 2 de julio de 1869 la reina Olga Romanova, esposa del rey Jorge I de Grecia, daba a luz en Corfú , al segundo de sus hijos, que recibe el nombre de Jorge, un niño que sería retraído, tímido y sumamente sensible, además de mal estudiante que no parecía tener predilección por ninguna asignatura. 

Cuando el Príncipe Jorge tiene catorce años sus padres deciden que, dado su carácter y sus dificultades con los estudios, lo mejor es enviarlo a Dinamarca y alistarlo en la Marina Real danesa, dejándolo al cuidado de su hermano Valdemar que contaba entonces 25 años de edad y que ya ocupaba un alto cargo en la Marina danesa. El príncipe se instala en la residencia de su tío, el palacio de Bernstorff, a pocos kilómetros de Copenhague, y lal poco tiempo entre tío y sobrino nacería una relación amorosa tan profunda que perduraría toda su vida. Valdemar contrae matrimonio dos años después, en 1885 , pero no por ello cesa el romance entre los dos hombres, que continua incluso cuando el matrimonio Waldemar ya ha tenido cinco hijos, y continuará hasta la muerte del Príncipe Waldemar de Dinamarca en 1939.

Marie Bonaparte/ Jorge de Grecia

Ya cumplidos los 37 años,  el príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca (1869-1957) , hijo de los monarcas helenos sigue siendo un soltero empedernido que no mostraba deseo alguno por tener una mujer o una familia, hasta que la razón de Estado le exigió boda y descendientes. Fue durante una visita a París en que acompañaba a sus padres, cuando el príncipe conoció a  Marie Bonaparte ( 1882-1962) , una de las herederas más ricas de Francia, hija del príncipe Rolando Bonaparte (1858-1924), nieto de de uno de los hermanos de Napoleón,  y de María-Félix Blanc (1859-1882), heredera de la mayor fortuna de Mónaco.

A Marie,  que no conocía al Príncipe  Jorge , le pareció todo un galán al que describió como  “Elegante, rubio, con un largo bigote rubio como el de su padre, nariz recta y ojos de un azul cielo que sonríen. Poco pelo, es casi calvo, pero ¿qué importa? Es hermoso, rubio y sobre todo, parece tan bueno, tan bueno… Además, parece que este gigante sufre un poco, lo cual lo hace aún más tierno”.

En 1907 el Príncipe se casa con Marie Bonaparte en una ceremonia civil en París y posteriormente una religiosa en Grecia. Según contaría la propia Marie, la noche de bodas y siguientes relaciones intimas fueron frustrantes, tanto, que el príncipe se apresuró a contarle a su joven esposa su homosexualidad y que mantenía desde hacía mucho tiempo un fuerte romance amoroso con su tío, el príncipe Valdemar de Dinamarca, que incluso los acompañaba en su luna de miel alrededor de las islas griegas,diciéndole a modo de disculpa: "Odio hacer esto tanto como tú, pero tenemos que hacerlo si queremos tener hijos” y que debían cumplir con lo que de ellos se esperaba: tener descendencia . Tuvieron dos hijos : Pedro y Eugenia.

A pesar de las circunstancias, María y Jorge fueron una de las parejas mejor avenidas de la realeza europea. Nunca hubo secretos entre ellos. María sabía perfectamente de la condición sexual de su esposo y sabía también que para poder ser una mujer libre en esa época necesitaba un marido que le diera cobertura y libertad para dedicarse a sus múltiples actividades filantrópicas, altruistas y culturales.  

Era un matrimonio singular por parte de ambos cónyuges; el príncipe Jorge ejerciendo de notorio  homosexual, al mismo tiempo que libertino, alcohólico y conformista, manteniendo un matrimonio de conveniencia, y Maríe Banaparte , rodeándose de numerosos amantes como   Leandri, el ayudante de campo corso de su padre; Aristide Briand, primer ministro francés; Rudolph Löwenstein, el psiquiatra que la derivó a Freud; el cirujano Josef Halban.., y dedicándose libremente a las actividades que realmente le interesaban. 

La operación Halban-Narjani

Marie Bonaparte estaba muy preocupada por no obtener orgasmos mediante el coito con ninguno de sus muchos amantes, lo que le llevó, tras estudiar anatomía, fisiología y psicología,  a desarrollar una teoría sobre la consecución del orgasmo , creyendo que la frigidez era un problema anatómico relacionado con  la distancia entre el clítoris y la vagina. Para ello entrevistó a 243 mujeres sobre su vida sexual, la calidad de sus orgasmos y la distribución anatómica de sus genitales, midiendo la distancia entre el clítoris y la vagina , concluyendo que eran frígidas las que tenían el clítoris a más de dos centímetros y medio de la vagina. 

En 1924 Marie publicó sus sorprendentes resultados en la revista científica Bruxelles-Médical,  con  el pseudónimo A. E. Narjani., llegando a la conclusión de  que la distancia entre clítoris y vagina era fundamental para la capacidad de alcanzar el orgasmo, clasificando a las mujeres como:
Téleclitoridiennes: más de 2,5 cms. de separación, un 21% de la muestra.Difícilmente alcanzaban el orgasmo.Ella estaba en este grupo.
Mesoclitoridiennes: 2,5 cms. exactos, 10% de la muestra. Dependía del día, el esfuerzo que pusieran sus parejas… . No se aseguraba nada.
Paraclitoridiennes: Menos de 2,5 cms., 69% de la muestra. Las que obtenías mejores resultados y a las que  Marie les aseguraba el orgasmo.
Así, basándose  en la hipótesis de que la frigidez en las mujeres clitoridianas podía provenir de la excesiva distancia entre clítoris y la vagina , creía que el problema podría resolverse mediante una operación quirúrgica consistente en realizar una aproximación clitórido-vaginal, por sección del ligamento suspensor del clítoris, sujeción de éste en los planos más profundos y fijación más próxima a la vagina, con eventual acortamiento de los labios menores, a fin de transferir el orgasmo clitoridiano a la zona vaginal.  Como la distancia entre dichos órganos en Marie  era de 3 cm. ella misma se sometió a la intervención en dos ocasiones, que practicó el cirujano Josep Halban , y con las que no se obtuvo el menor resultado.  Dicha intervención es conocida como de Halban-Narjani, ( Halban , apellido del cirujano y Narjani pseudónimo de Marie Bonaparte).
Marie Bonaparte y Simund Freud

Marie Bonaparte y Sigmund Freud
En 1925 visitó a  Sigmund Freud , el padre del psicoanálisis, pidiéndole su ayuda para realizar una terapia psicoanalítica para curarse de lo que ella denominaba “anormalidad orgásmica. Pero Freud era enemigo declarado del orgasmo clitoriano y mientras condenaba el orgasmo por estimulación del clítoris, elogiaba el orgasmo vaginal con un pene como el tipo superior legítimo y único. Para él, el clítoris era un órgano inacabado, como un vestigio del pene, y sostenía  que las mujeres debían aprender a obtener el placer sexual a través del coito vaginal, ya que el placer mediante el clítoris era síntoma de inmadurez, asegurando por ello que la mujer debía realizar un trasvase erótico del clítoris a la vagina para conseguir la madurez sexual.

Freud escuchó con espanto el relato de la princesa. En vano intentó convencerla de que debía superar la etapa fálica, que la atención al clítoris era mera nostalgia del pene, una forma de no asumir su condición de mujer. 

A pesar de ello Marie  se operó con Halban una segunda vez y Freud logró frenarla cuando iba a someterse por tercera vez al quirófano. Pero no pudo disuadirla del rol crucial del clítoris en la consecución del orgasmo, teoría aceptada por la sociedad de esa época, que condenaba la masturbación como moralmente dañina y  una de las causas de los trastornos mentales. 

VÍDEO: El clítoris -Documental animado

VÍDEO: 10 curiosidades fascinantes sobre el clítoris

Marie Bonaparte formó parte del grupo de doce miembros fundadores de la Sociedad Société Psychanalytique de Paris SPP (Sociedad Psicoanálítica de París ) en 1926 y de la Revue française de psychanalyse (Revista Francesa de Psicoanálisis ) en 1927. Autora de numerosas obras, ejerció como psicoanalista hasta su muerte en 1962 .Su dinero e influencias le permitieron financiar a intelectuales e investigadores, y también salvar a Freud de los nazis y llevarlo a Londres; también ayudó a incontables intelectuales judíos amenazados y salvó de su destrucción una importante sección de la correspondencia de Freud.

Fuente: Marie Bonaparte-Célia Bertin-Tusquests editores. 

23 de septiembre de 2017

HISTERIAS Y VIBRADORES ( Parte 2 de 2 )


Las mujeres se convirtieron para médicos y matronas en una fuente constante de ingresos, pero los masajes genitales, además de requerir una destreza manual importante, también se invertía un tiempo considerable en llevar a las mujeres al paroxismo histérico… y por eso no es de extrañar que fueran muchos los que investigaran la forma de obtener los beneficios del masaje pélvico y que a la vez evitara la costosa inversión en habilidad y tiempo. Con calambres en las manos y los dedos fatigados, los médicos odiaban tratar la histeria.  Se buscaba con afán cualquier medio de acelerar el paroxismo histérico. El primer vibrador mecanizado empezó como medidor del uso de agua y los vibradores caseros impulsados por una diminuta rueda de agua que se enganchaba al fregadero estuvieron brevemente de moda.

Con la  cura por agua, es decir, la ducha pélvica, los médicos empezaron a dirigir mangueras de incendios hacia las entrepiernas de las pacientes. Se instalaron duchas pélvicas, con un chorro de agua dirigido hacia el interior de los muslos, en los baños minerales de toda Europa y América a mediados del siglo XIX. Las mujeres los adoraban y corrían en manada hacia los balnearios donde se proporcionaba esa cura, declarando que "a menudo, al salir de la ducha, declaraban que sentían tanta euforia y optimismo de espíritu como si hubieran estado bebiendo champán".

Estimuladror-masajeador electromagnético ( 1880)

En 1869, el médico estadounidense George Taylor patentó un vibrador a vapor llamado the manipulator, y más tarde, en 1880, el doctor inglés Joseph Mortimer Granville inventó el primer vibrador electromecánico con forma fálica. El mecanismo era muy ingenioso: el calderón de vapor, mediante la correa de transmisión, movía una cadena que, al girar, alimentaba una dinamo. Ésta cargaba la batería que daba corriente al motor eléctrico y ponía en movimiento el émbolo del dildo. Fue en 1902 cuando la empresa estadounidense Hamilton Beach comercializó el primer vibrador eléctrico para venta al por menor.. Estos aparatos, comenzaron a salir de las consultas médicas para introducirse en los domicilios. Lo que las mujeres obtenían  en sus visitas semanales, lo podían lograr en casa y tantas veces como quisieran e incluso las más atrevidas, podían hacer partícipes a sus maridos. 

Esta situación cambió con la llegada de la electricidad y, con ella, de aparatos masajeadores que automatizaban la terapia “mientras que un experto manual no puede superar las 300 vibraciones por minuto, el masajeador eléctrico proporciona hasta 3000”. En unos años, el trabajo que nadie quería realizar se vuelve mecánico, rápido y rentable y el vibrador alcanza un éxito rotundo: por fin, la enfermedad más extendida entre las mujeres burguesas se podía resolver en unas pocas sesiones de varios minutos. Desde entonces y hasta los años veinte, se multiplicaron los modelos, los sistemas de aplicación y los tratamientos combinados que completan el vibrador eléctrico con duchas localizadas en la zona genital. Las esposas de la nueva clase pudiente acudieron en masa a los balnearios y la comunidad científica se rindió a los beneficios de la hidro-terapia y la ritmo-terapia.


En realidad, la histeria era la etiqueta médica (y patologizadora) que se daba a todas aquellas mujeres que no alcanzaban el orgasmo con sus maridos solamente a través de la penetración. Una visión de la sexualidad centrada en el hombre, en la que se procuraba que la autoestima de éste nunca saliera perjudicada.

Negar los deseos eróticos naturales de la mujer era una salvaguarda de la adecuación sexual del hombre. Se comportara como fuera, siempre sería lo bastante bueno. Ella no pediría más. Si lo hiciera, se la podría etiquetar de histérica y mandarla al médico a que la tratara, eliminando así la amenaza a la autoestima de su compañero sexual y conservando la norma androcéntrica de penetración hasta el orgasmo masculino. 

Al final de la era victoriana, oficialmente, en 1901, la cantidad de casos de histeria se había multiplicado de un modo tal que todos los tratamientos se habían vuelto insuficientes. En 1902, la empresa Hamilton Beach patentó el primer vibrador personal, de hecho, el tercer aparato eléctrico disponible en los hogares. En aquellos años, si uno se acercaba a una casa de electrodomésticos solo se podía elegir entre tres artículos: una heladera, un ventilador, o un vibrador para su esposa.


Pese a lo que nos pueda parecer hoy por el concepto sexual que tenemos de un vibrador, en aquellos años la aplicación del vibrador sobre el clítoris era tenida por una práctica exclusivamente médica. En la concepción machista de la época, al no haber contacto con el interior de la vagina, se considera que no hay contacto sexual, y no por tanto no existía ningún tabú alrededor de este objeto, solo se consideraban artículos de masaje anti-estresante y era común verlo en todo tipo de catálogos y revistas.

Pero a partir de 1920, los vibradores aparecen en las primeras películas pornográficas, y empiezan a perder su imagen de instrumento médico. Esto, unido a que a principios de los 50 la “Asociación Americana de Psiquiatría” declaró que la histeria no era una enfermedad, hizo que el vibrador, también conocido como consolador o dildo, fuera visto como un juguete sexual y considerado instrumento de perversión, comenzando poco a poco a ser un tabú, connotación que casi continua teniendo hoy en día en muchos lugares.

Fuentes:  La tecnología del orgasmo: la histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres- Rachel P. Maines- Editorial Milrazones/ https://mujertrespuntocero.wordpress.com

22 de septiembre de 2017

HISTERIAS Y VIBRADORES ( Parte 1 de 2 )

Histeria: 1. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces ataques convulsivos. 2. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala. 
Diccionario de la lengua española- Real Academia Española 

La histeria aparece por primera vez en los escritos médicos en Egipto, dos mil años antes de nuestra era, pero no fue hasta el siglo V a. c. cuando empezó a tomar forma la definición clínica occidental de enfermedad. Durante muchos siglos se mantuvo la creencia de que la histeria provenía de la enfermedad del útero, e incluso Platón, aseguraba que era el útero el que se paseaba por el cuerpo causando problemas.

La propia palabra histeria procede del griego hysteron y significa matriz, razón por la que Hipócrates la consideraba una enfermedad exclusiva de las mujeres y que diagnosticaban socráticamente las comadronas. El supuesto popular recogido por Hipócrates  señalaba al útero como causante del mal y se atribuía a Pitágoras la idea de que la matriz poseía cualidades propias de los animales, a saber, movimiento espontáneo y sensibilidad. Como en un embarazo, un animal alojado en otro. De tal modo, el útero, insatisfecho en sus deseos genitales, atormentaba a su propietaria desplazándose por su interior: de allí que los tratamientos de la época recomendaran técnicas tales como la fricción seductora de la vagina o la aplicación local de sahumerios atrayentes y fragantes a fin de persuadir a la paseandera víscera de retornar a su aristotélico lugar natural.
En las mujeres, lo que se llama matriz o útero es como un ser vivo poseído por el deseo de hacer niños. cuando durante mucho tiempo, y a pesar de la época favorable, la matriz sigue estéril, se irrita peligrosamente; se agita en todos los sentidos en el cuerpo, obstruye los pasajes del aire, impide la inspiración, somete así al cuerpo a las peores angustias y le ocasiona enfermedades de toda clase.

Timeo -Platón.


Por su parte galeno Galeno escribió que la histeria era una enfermedad causada por la privación sexual en mujeres.

La histeria, era un conjunto de síntomas que variaban mucho entre las aquejadas y sus médicos: “desmayos, síncopes, edemas, nervios, insomnio, sensación de pesadez en el abdomen, espasmos musculares, falta de aliento, pérdida de apetito o por el sexo con la pareja masculina autorizada, y a veces, tendencia a causar problemas a los demás”, y provocada por : 
  • Falta de suficiente copulación.
  • Falta de gratificación sexual.
  • Privación sexual.
  • Masturbación excesiva.
  • Insatisfacción marital.
  • Acumulación de fluidos en la vagina.
  • Retención de la semilla tanto del hombre como de la mujer en el interior de ésta convirtiéndose en fluidos corruptos y venenosos.

La histeria aparecía con más frecuencia en aquellas mujeres de la época a las que no se les permitía tener relaciones sexuales: jóvenes solteras, viudas y monjas. A pesar de ello, la histeria era la más común de todas las enfermedades crónicas y un gran porcentaje de mujeres la presentaban en algún momento de su vida variando el nivel de gravedad. 

El tratamiento más recomendado para tratar la histeria era el matrimonio y la cópula. Si éstos no eran posibles, entonces se pasaba al tratamiento más frecuente a lo largo de la historia: las pacientes diagnosticadas con histeria femenina debían recibir un tratamiento conocido como masaje pélvico, que no era más que la estimulación manual de los genitales de la mujer por parte del doctor que la atendía, hasta llegar al "paroxismo histérico" que hoy denominamos "orgasmo".

En la Edad Media, cuando las mujeres sufrían algún brote de histeria, se las diagnosticaba como dueñas del temible útero ardiente. Más adelante, también en el medioevo, se denominó a esa curiosidad médica como sofocación de la matriz, y se la explicó como una de las tantas consecuencias imprevisibles de la abstinencia sexual.

Esta histeria, un comportamiento errático y caprichoso de las damas, se decía que tenía sus razones, ya que la abstinencia erótica provocaba la retención del esperma femenino, fluído responsable de aquella modificación del carácter. Médicos y sabios de la corte francesa recomendaban un tratamiento de vanguardia a cargo de una anciana -o una ciega-, quien con el dedo impregnado de aceite de oliva -o de lirio, si era una familia pobre- debía masajear vigorosamente la vulva de la paciente, provocando un alivio inmediato -e inquietante- en las histéricas. 

Luego llegarían los primeros médicos franciscanos instruidos en los burdeles florentinos, poco inclinados al goce perturbador de las histéricas, quienes recomendaban la maternidad como único medio para suavizar las convulsiones asombrosas y las largas diatribas acrobáticas de las muchachas con esta condición. 


En plena época victoriana se descubrió que muchísimos síntomas de la histeria podían ser atenuados acariciando gentilmente el clítoris de las pacientes hasta que éstas hallaran el sosiego del orgasmo. El problema era que el período victoriano el orgasmo femenino aún no tenía una clasificación definitiva, de manera que cuando una histérica llegaba al clímax del placer durante su tratamiento -que podía durar horas, e incluso días- se lo llamaba paroxismo histérico. Como en la era victoriana ninguna mujer se sometería sola a un tratamiento semejante, eran sus maridos, o madres, padres, hermanos o hermanas, quienes acompañaban a la "histérica" a lo largo de su gozosa jornada médica.

Continuará ...

Fuentes: La tecnología del orgasmo: la histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres- Rachel P. Maines- Editorial Milrazones/ https://mujertrespuntocero.wordpress.com